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Entretenida pirotecnia

La sombra de Spielberg se proyecta sobre esta cinta. Buena cosa: él la ha ideado y producido, haciéndola posible. Mala cosa: el director queda oscurecido por esta sombra. Al propio Spielberg le pasó lo mismo cuando se hizo cargo de proyectos planeados y al final no realizados por directores más grandes que él.

En La conspiración del pánico (pésimo título español que suena a ya oído)es evidente, como la filmografía de Spielberg demuestra desde sus inicios, que los dos temas que la vertebran son de los que le interesan: de una parte está la conversión en un peligro de algo común (un camión: El diablo sobre ruedas) o alejado del escenario de nuestras vidas cotidianas (un escualo: Tiburón); de otra parte está el castigo provocado por la trasgresión de las leyes de la naturaleza (Parque jurásico) o por la euforia y la soberbia tecnológica (Inteligencia artificial, La guerra de los mundos). En esta cinta la sofisticada red tecnológica que nos envuelve se vuelve súbitamente agresiva para los protagonistas que pagan el pato de una soberbia tecnológica en las manos no adecuadas.

Este tema tiene un desarrollo excesivamente superficial por exageradamente espectacular. Este vicio, tan de Spielberg, se acentúa en su pupilo/producido D. J. Caruso, autor de molestas y modestas revisiones de clásicos o thrillers amanerados. La idea spielbergiana (tampoco tan nueva) se disuelve así en un guión carente de rigor narrativo para convertirse en manos de Caruso en una entretenida pirotecnia.

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