Artistas de Granada

Espacios de inquietante emoción

  • Cristina Ramírez, toledana de nacimiento y granadina por trabajo y sentimiento artístico, es un nuevo ejemplo del buen momento que viven las artes plásticas en la provincia

Espacios de inquietante emoción Espacios de inquietante emoción

Espacios de inquietante emoción

Un nuevo ejemplo del espléndido momento en el que se encuentra el arte que tiene como residencia en Granada - artistas nacidos aquí y otros venidos de fuera atraídos por la Facultad de Bellas Artes y, desde ese momento, implicados en los muy buenos estamentos plásticos de la ciudad - lo encontramos en Cristina  Ramírez, toledana de nacimiento y, ya, granadina por trabajo y sentimiento artístico.

Dos momentos claves en la trayectoria de esta artista me llevaron a calibrar la importancia de su trabajo. Uno fue en su muestra individual en la sala Ático del Palacio de los Condes de Gabia y otro en uno de los espacios del PTS, compartiendo escenario expositivo con Álvaro Albaladejo, otro de estos nuevos ilustres del arte granadino. En ambas comparecencias ya se pudo hacer uno la idea de que estaba ante una artista de gran significación,y con los conceptos - plásticos y estéticos - tan bien estructurados conceptuales como acertadamente llevados a la práctica.

No se veía en ambas muestras que la joven artista tuviera dudas, que la intemperancia de la juventud la llevara a abarcar más de la cuenta; todo lo contrario, en su obra, en sus dibujos impactantes, en su sobriedad compositiva, en sus maneras contundentes de plantear los espacios escénicos y, por supuesto, en el hilo descriptivo de la idea, se atisbaba una muy bien desarrollada labor artística, planteada desde unos concepto conformantes llenos de fortaleza plástica y decisión creativa. Estaba claro que detrás de aquel nombre, casi nuevo en la plaza, se escondía una personalidad artística de altura, con los principios del arte muy bien asimilados y rigurosamente distribuidos. No estábamos ante las lógicas maneras de los que empiezan queriendo empatizar con obras que, a lo mejor, tenían buenas consideraciones conceptuales pero no muy acertados desenlaces plásticos o, al revés, la formalización artística venía sustentada por un pobre sentido generador.  Cristina Ramírez se nos aparecía con una determinante dimensión del arte nuevo; sabiendo hacer frente y compactar los sistemas de un fondo y una forma muy bien estructurados para que se consiguiera un todo sin resquicios y abierto a lo mejor.

Cristina Ramírez llega a Granada tras haberse Licenciado en Historia del Arte en la Complutense de Madrid y acomete, con decisión, la carrera de Bellas Artes formando parte de ese grupo de jóvenes que continúan la nómina importantísima de aquellos que salieron de la Facultad muy buen preparados y con unos argumentos claros y precisos para afrontar una profesión difícil y con excesivos recovecos. Muy pronto la artista muestra su valía y recibe importantes reconocimientos: fue seleccionada por el festival FACBA 2020 como artista invitada; ha recibido el II Premio Nacional de Dibujo DKV-Makma (2016), el Premio de Pintura Joven de Granada en ese mismo año 2016, la Mención de Honor en el Certamen de dibujo Gregorio Prieto, 2010 y  el Premio Joven de la Fundación Complutense, en 2009. Asimismo, ha recibido la Beca de Investigación y Producción del Centro de Arte Contemporáneo C3A de Córdoba, en el 2019, la Beca Iniciarte en 2017, así como el Programa de ayudas a la producción de la UGR, también  en el 2017. Ha sido artista residente en la Fundación BilbaoArte (2018), Bilbao; BB Art Colony, Primostek (Eslovenia) y Casa Falconieri en Cagliari. Entre sus proyectos recientes destacan: El sueño de Kris Kelvin (2020) realizado para FACBA, Granada, 2020; El pozo y la pirámide (2019), llevado a cabo junto con Álvaro Albaladejo, de la Fundación BilbaoArte; AtavicMemory (2019), SCAN (Londres); Hacia la noche (2018), Marte Feria Internacional de Arte Contemporáneo (2018), Castellón o Superficie de Ruptura (2017), Sala Iniciarte de Córdoba; Donde ocurren cosas (2016), La Gran, Valladolid; Fin (2016) Galería  JM de Málaga; Nueve ángulos (2016) Sala Ático, Granada. En definitiva, una carrera que empieza con los mejores argumentos y el aval de las más solventes instituciones del arte de hoy.

La actividad de Cristina Ramírez se centra principalmente en el dibujo. Aquí es donde nos muestra sus imponentes formas capaces de afrontar lo más difícil que uno pueda suponer. Desde este dibujo la artista se puede adentrar por cualquier otra situación como es, asimismo, su importante trabajo escultórico y sus actuaciones espaciales. En todas sus realizaciones se adivina una fuerza conceptual determinante, una clarividente concepción del mundo que, al mismo tiempo, la lleva a desentrañar posiciones artísticas que plantea esa situación existencial y social con muchas ambivalencias.

La artista se sitúa en un espacio fronterizo donde  la visión del mundo se hace infinitamente más abierta. La mirada está circundada de ofertas enigmáticas, de paisajes que ofrecen espacios que inquietan que describen incertidumbres, que generan gestos de profunda indecisión ante lo que se descubre. Cristina Ramírez  dibuja las paredes, pinta murales que agitan el alma, que producen desasosiego y que crean espíritus llenos de absoluta inestabilidad emocional.  Todo eso se pudo ver admirablemente en aquella exposición de los Condes de Gabia "Nueve ángulos" en la que sus dibujos transmitían un desasosiego emocional, transcribían escenarios de un sueño mal asimilado y de amargo despertar. Sus paisajes, desolados, enigmáticos, presentidos e inabarcables en los horizontes del recuerdo, planteban proposiciones para que la mirada desencadene escenarios infinitamente más amplios de lo que ella abarca.

Todo el espacio creativo de Cristina Ramírez está desarrollado con suma pulcritud; sus formas son rigurosas, de una gramática formal extraordinaria, con desenlaces artísticos fuera de duda y con un sentido de la escena y del paisaje que en ella se representa que hace patrocinar un representación pura, dominante y llena de sentido plástico. Es, además, una artista que domina todo lo relacionado con el dibujo, que se vale de la tinta negra para conformar espacios de exquisito planteamiento donde todo queda suscrito a una forma que traslada a mundos imprevisibles.

Cristina Ramírez es una artista que lleva los buenos argumentos del arte a sus formas más preclara y entusiastas. Una artista que genera emoción, que patrocina mundos encontrados pero cercanos, que hace visible una realidad a contracorriente donde lo mediato y lo inmediato funden sus fronteras.

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