Crítica

El Festival de Granada se llama Zaidín Rock

zaidín rock

La Pulquería + Ilegales + Fausto Taranto + Chorrojumo + Los Térmicos. Fecha: Domingo 11 de septiembre. Aforo: 5.000 personas.

Y como todos los años el Zaidín puso punto final a sus fiestas con otra sesión de rock y alrededores en directo para miles de espectadores dentro y fuera del recinto de conciertos. Por cierto, que a los de fuera habría que recordarles la existencia de unos recipientes que se llaman contenedores, que son cuadrados, grandes, huecos, verdes y sirven para depositar la basura que ellos tampoco querrían en su casa; pero, en fin, no hay más que ver cómo queda una calle tras una procesión en semana santa o los alrededores del estadio cuando hay fútbol para comprender la democratización del incivismo de la masa.

Dicho lo dicho, el esquema de la última noche de festival siguió el patrón ya habitual: dos grupos de promo para el efecto llamada, uno que dé confirmación, un clásico para veteranos y que la barra funcione y otro de bulla para que el cuerpo aguante. De libro. Pocos vieron como siempre a los dos primeros, pero se perdieron precisamente parte de lo mejor de los tres días. Los Térmicos son animados y variadísimos (pop, surf, soul, blues, rockandroll…) con presentación muy sixty, frescos y reviviendo lo mejor del alma vivaracha de los años sesenta, de aquí (hay temas que ni Los Salvajes) y de allí (¡ése órgano a lo Spencer Davis!). Más concretos en lo suyo resultaron Chorrojumo, banda cargada de caras conocidas (su central Jebi González es lateral en Sondenadie, por ejemplo) y aspiraciones de clasicismo, de diez años después que Los Térmicos, en una línea ideológicamente sonora próxima a la de Doblas: variados, rotundos y hasta duros llegado el caso; fue memorable el tórrido blues 'progresivo' que se marcaron con Allfredom soplando la armónica con la fuerza de un transatlántico llegando a puerto. Un grupo que se prodiga poco y que no se pierdan la próxima vez que se lo tropiecen: Chorrojumo, apúntenlo.

La situación de trabajo a tiempo parcial de Hora Zulú ha dado tiempo a que tres marcas (spin-off que se dice ahora) estén ya en la pista de carreras: Vúfalo, Pangloss y Fausto Taranto, está última con el guitarrista Paco Luque al frente, que suma así una nueva referencia a su ya larga carrera, y que aunque corran tiempos de resurrecciones no quiere revivir en su casilla de salida con Perpetual.

Lo mismo le ocurre a Ihmaele De la Torre, su cantante, convertido aquí en un vocalista poderoso y en una tesitura gestual y vocal filoflamenca inédita en anteriores proyectos (aquella Edad de Bronce, con Quini Almendros en vez de con Quini Valdivia por ejemplo). En versión corta de festival, y sin invitados más allá de las dos cantaoras de apoyo, cuentan dos guitarras blindadas, una sección de ritmo de las que cortan la digestión y unas palmas que abofetean como un doble bombo. A Fausto Taranto le viene bien los grandes escenarios como el Zaidín en hora punta, con más de 10.000 personas porque su proyecto está en fase expansiva y porque en formato grande lo suyo se hace proporcionadamente gigante.

Completaron con personales adaptaciones repotenciadas de Triana y Lole y Manuel (Todo es de Color y Tu Mirada). Con Lagartija, lo más altisonante e impar de este año.

La fotografía más potente de Jorge Martínez en esta ciudad, mucho más significativa que la de cuando era joven y desayunaba niños y vírgenes, fue la de su última visita al Zaidín, de espaldas, lloviendo a mares, solo, con los focos apagados, todos los técnicos pidiéndole que se bajase antes de electrocutarse, y él erre que erre cantando empapado de lluvia, "porque las cosa hay que hacerlas bien o no hacerlas", dijo.

El sábado a las tres de la madrugada pisó ese mismo escenario de nuevo, recordando aquella noche en que pasó le por encima el diluvio universal. Así pasó de viejo a clásico en perfecta forma, y este año ha decidido aparcar a los Magníficos y reactivar su trío, ahora cuarteto. Jorge es Los Ilegales a todos los efectos (ahora con otro socio de años como Willy Wijande) genio, ingenio y figura, por cierto que menos bocazas de lo que su leyenda le presupone. Tocan sin amplificadores, por línea, lo que desnuda mucho la imagen y permite mayor concentración.

Es un placer detenerse en sus guitarras (obviando a veces sus estribillos más cafres), porque se trata de uno de los guitarristas más finos del país, gustoso de líneas 'vintage' cargadas de reverb y el trémolo y sin la menor noción de vergüenza estilística ni servidumbres a la hora de armar un tema, sea con un riff letal, retro swingueando o con un elástico punteo Shadows.

Esta vez, la tercera en este ruedo, sonaron con una pulcritud que rozó la asepsia, haciendo una antología desde la visionaria y distópica Europa ha Muerto, que fue la primera canción que grabaron (¡y que le editó Víctor Manuel, sí el del Abuelo!), hasta Voy al Bar de anteayer casi ("La Vida es Fuego"). Si bien a partir del El Norte Está Lleno de Frío el concierto fue cogiendo temperatura hasta el anarcofinal de Destruye, que levantó una columna de polvo que se podría divisar desde la estación espacial. El cierre de festival empieza a ser habitual que se le encargue a algún grupo de bulla parrandera 'Viñarock style' para mantener el tono alto hasta que los cuerpos no puedan más.

Este año La Pulquería cumplió con los objetivos y camino de las cinco de la mañana ahí estaban todavía miles de espectadores bailando sus rancheras & punk & roll bajo la bendición de la calaverita de la Santa Muerte. Un año más, y campos para los treinta y siete los festivales del Zaidín son la gran fiesta de la música de Granada en relación calidad/precio/por asistente. Nadie da más, a más y por tan poco.

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