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Madrid expone el tapiz ‘estrella’ del Festival de Música y Danza

  • La obra de la argentina Leonor Fini fue un encargo de Antonio el Bailarín para su ‘Sonatina’, estrenada en Granada en 1957

Tapiz para 'Sonatina' que se muestra en la Sala Alcalá 31. Tapiz para 'Sonatina' que se muestra en la Sala Alcalá 31.

Tapiz para 'Sonatina' que se muestra en la Sala Alcalá 31. / Nico Rodríguez.

Un enorme y delicado telón que la artista argentina Leonor Fini pintó por encargo de Antonio el Bailarín para su ballet Sonatina (1957) preside el espacio expositivo de la madrileña Sala Alcalá 31 donde ayer lunes se inauguró una muestra dedicada al arte latinoamericano contemporáneo.

La historia detrás de esa única pieza y de su autora, pintora surrealista y musa de Christian Dior, justifican por sí solas el interés de una exposición que ofrece la oportunidad de descubrir otras 60 obras, algunas nunca vistas, de las colecciones CA2M y Fundación Arco de la Comunidad de Madrid.

Cuando Antonio el Bailarín murió, el telón presidió su capilla ardiente

“Fini (Buenos Aires 1907-París 1996) tuvo dificultades para exponer por ser mujer y por ser una surrealista que se pelea con André Breton, el macho alfa del surrealismo”, explicó a Efe Manuel Segade, comisario de la exposición y director del Centro de Arte Dos de Mayo (CA2M).

El telón que podrá verse a partir de este martes en la Sala Alcalá 31, de siete metros de altura por doce de largo, contiene una escena de inspiración medieval y simbolista, una princesa en actitud melancólica acompañada por una criada y rodeada de bufones y saltimbanquis fantásticos. Antonio Ruiz Soler, conocido como Antonio el Bailarín, se lo encargó junto al resto de la escenografía y vestuario de una producción de ballet de Sonatina, pieza compuesta por Ernesto Halffter en 1928 e inspirada en el poema de Rubén Darío cuyo verso inicial dice “La princesa está triste, ¿qué tendrá la princesa?”.

El ballet se estrenó en 1957 en el Festival de Granada, uno de los grandes eventos escénicos de la época y, según Segade, el bailarín y coreógrafo sevillano pagó “una fortuna” por la escenografía y vestuario realizados en el taller parisino más prestigioso de la época.

Cuando Antonio el Bailarín murió, el 6 de febrero de 1996, el telón presidió su capilla ardiente. La Comunidad de Madrid lo adquirió en 2001 en subasta.

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