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Historias de mi calle

  • La Facultad de Comunicación y Documentación acoge la muestra 'Historias de mi calle', una serie de 17 forografías de Jesús Pozo acompañadas de los breves comentarios de Roberto Villar

Una de las imágenes de la muestra. Una de las imágenes de la muestra.

Una de las imágenes de la muestra. / g. h.

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Jesús Pozo vive en la calle Muñoz Torrero, en Madrid, hace algo más de diez años empezó a fotografiar su calle desde un balcón de su casa. Igual no tenía una idea clara de qué pretendía, igual tan solo era una cuestión de placer. Tan solo era observar, contemplar su calle. Unas 17 fotografías las ha agrupado ahora bajo el título Historias de mi calle y se exponen en la facultad de Comunicación y Documentación. Las fotografías vienen acompañadas de un pequeño comentario literario de Roberto Villar, es como una observación de la observación.

¿Qué vemos en estas fotos? La toma en consideración de los fenómenos, la valoración de una experiencia, el papel cognitivo de la imagen. Sin duda a estas imágenes le podemos aplicar un texto de M. Maffesoli que dice: "Esta imagen no busca la verdad unívoca, sino que se contenta con subrayar la paradoja, la complejidad de cualquier cosa. La especificidad de esta actitud de espíritu es no trascender lo que es manifiesto, no aspirar a un más allá, sino ajustarse a las apariencias, a las formas que son evidentes, y hacer resaltar la belleza intrínseca de las mismas". En una de las entrevistas que le han hecho hablando de esta exposición decía Jesús que últimamente todo está muy borroso.

Es la vida, la vida en su calle, como obra de arte. Sin pretender conceptos, más bien acontecimientos, vivencias. Lo que Jesús Pozo tiene es un espíritu receptivo para captar lo que nos proponen las cosas mismas. Nada está hecho con líneas claras, todo es más bien ambiguo. Hay que interpretar con la razón pero aun más con los sentidos, con los sentimientos, siguiendo a M. Maffesoli diríamos que se necesita una "razón sensible". No parece que estas fotos estén hablando para una razón abstracta, más bien requieren contemplación, imaginar un relato, actividades que nos darán conocimiento, que nos relacionarán con la vida. Se nos pide connivencia y empatía.

Lo primero que me vino a la cabeza mientras hablábamos con Jesús Pozo y Roberto Villar en la presentación de la exposición, fue el gato de Schrödinger; aquel experimento mental que nos viene a decir, visto desde la física cuántica, que la realidad puede estar en un estado de suspensión, como sin existir. Y solo cuando el observador levanta al tapa de la caja, interviene, para ver si el gato está muerto o vivo, es cuando sabremos si el gato está muerto o vivo, antes está como en un estado de superposición, sin que ninguno de los dos estados esté determinado. Lo que nos lleva a preguntarnos ¿qué es la realidad? pues parece que a veces está como latente y solo cuando un observador mira se construye la realidad. Podríamos preguntarnos ¿cuando Jesús no mira su calle, pasa algo? O se necesita su mirada, su observación, para construir la realidad.

En el mismo sentido va la conocida cuestión de: si un árbol cae en el bosque y no hay nadie para oír ¿hace ruido al caer? En resumen la realidad es bastante paradójica, no está claro qué sea la realidad.

La exposición estará abierta hasta el 18 de febrero en la primera planta de la facultad de Comunicación y Documentación, en el campus de Cartuja. Tómese un respiro cultural y haga una visita, antes de entrar en la facultad dese un paseo por el jardín que hay delante, y que se prolonga entre esta facultad y la de Letras. Ahora es un jardín-aparcamiento de coches, pero pronto será restaurado, no aparcarán los coches y habrá bancos de lectura, donde se podrán liberar libros o tomar alguno de los que hay si le interesa.

Una vez vista la exposición verá una gran puerta de cristal, que da acceso a la biblioteca de la facultad, antes fue la biblioteca de los jesuitas, entre, es de acceso libre, y disfrute durante unos minutos de ese espacio de tres pisos, de madera, lleno de energía. Es uno de los espacios más antiguos que en Granada sigue siendo para uso de una biblioteca, pues viene funcionando en el mismo lugar desde finales del siglo XIX. Seguro que cuando termine este respiro cultural será más consciente de su propia vida, y de la realidad que la cobija.

En el rígido mundo académico un trabajo cómo el de Jesús y Roberto tendría problemas para considerarse investigación. Pero lo es. No es un problema de ellos es de la academia.

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