Música

Una Juana que casi roza el cielo

  • El Auditorio Manuel de Falla ha sido escenario del estreno absoluto de la ópera de Antonio Carvajal y García Demestres

Una Juana que casi roza el cielo Una Juana que casi roza el cielo

Una Juana que casi roza el cielo / © OCG / May Zircus

En la Capilla Real de Granada reposan los restos de la reina Juana I de Castilla, “mal llamada Juana la Loca” en opinión de Antonio Carvajal. El Premio Nacional de Poesía ha estado durante casi doce años trabajando en el libreto de una magnífica ópera que se ha estrenado por fin este fin de semana en el Auditorio Manuel de Falla con música de Antonio García Demestres.

La soprano María Katzarava ha sido la encargada de dar vida a un personaje que despertó la fascinación de los románticos y sigue cautivando al público hoy en día como prueban las recientes versiones televisivas y cinematográficas de su vida.

El Romanticismo es en parte culpable de la visión que ha llegado de ella hasta nuestros días: una desconsolada viuda que enloquece por la muerte de su esposo, Felipe el Hermoso. Pero la reina de Antonio Carvajal difiere radicalmente de esta visión, porque “la pobre sólo estuvo sujeta a la violencia de los demás": "La trama histórica es tan violenta y tan dura que reducir el personaje de Doña Juana a una loca de amor es en sí una locura”.

La que pudo ser la monarca más poderosa del mundo, fue desposeída de su trono por su padre y posteriormente su hijo Carlos I, y encerrada de por vida, vestida de luto perpetuo, en el Palacio o Tordesillas, junto al Duero.

Aunque el edificio fue demolido en 1773, cerca de su ubicación desde el año 2003 una hermosa escultura obra de Hipólito Pérez Calvo la recuerda con la corona en la mano y no sobre su cabeza.

La opera, que lleva por título Juana sin cielo y es la segunda colaboración de este tándem artístico que ya abordó la figura de Mariana Pineda. “Cuando hicimos Mariana en sombras hace casi 14 años una queridísima amiga, Begoña Rodríguez Álvarez, dijo que la pobre Doña Juana de Castilla necesitaba que recuperásemos su buen nombre era. Yo se lo propuse a Alberto y él me comentó que podríamos hacer una trilogía de personajes femeninos de Granada”, recuerda el poeta sobre los orígenes de la ópera, que finalmente ha contado con la colaboración del Ayuntamiento de Granada y la Orquesta Ciudad de Granada en colaboración con GEGSA y que espera una tercera entrega con un personaje aún se definir.

“Parece que sea lógico que se haya estrenado en Granada por vinculación histórica, no porque los granadinos conozcamos demasiado la figura de esta desdichada mujer”. “En el imaginario colectivo esta reina está ligada a Granada, incluso con muchos inventos, porque nunca estuvo encerrada en la Alhambra”, agrega.

Una vez fijado el tema, Juana I Castilla, cuenta Carvajal que el problema que ha atrancado el proyecto surgió con “la forma”. “Queríamos que, al igual que la anterior ópera, fuera a escena con lo mínimo, queríamos una obra muy reducida y quizás con dos cantantes, la soprano y un tenor que con un juego de máscaras fuera el hombre violento que va tomando distintos aspectos, aunque en realidad es siempre la maldad masculina. Sin embargo, esas ideas no terminaban de cuadrar”.

Finalmente, el poeta recibió hace aproximadamente un año y medio la llamada de Alberto García Demestres comentándole que había tenido un sueño en el que veía el alma en pena de Doña Juana abrazada al cuerpo en el féretro. "A partir de ahí decidimos que fuera un monólogo de ella sin antagonista, sin voz masculina en frente, pero con proyección de textos o voces grabadas que fueran guiando o dándole una vertebración lógica a lo que ella cantaba”.

Para esa figura, Carvajal se basó “en el único hombre que se portó bien con ella conscientemente, Francisco de Borja, y en la obra Santa Juana de Castilla, de Benito Pérez Galdós”.

Finalmente, fue también García Demestres quien propuso a Carvajal que la obra fuera con voz solista y coros, porque las almas en pena sólo pueden alcanzar la paz si los vivos cumplen. “Pensé dejar los coros en latín pero, para evitar demasiada complejidad, pensé dejar algunos en latín y otros en español”, aclara el poeta, quien señala que la versión definitiva no estuvo hasta febrero de este año, e incluso se introdujeron modificaciones y correcciones posteriores.

“Las voces del coro, atemporales, la acompañan, ahora en el Oficio de Difuntos, ahora recordando los versos de Catulo o la palabra de Job, ahora poniendo una mirada contemporánea a la vida de Doña Juana y subrayando lo que hoy se vería como violencia de género”, puntualiza García Demestres.

Por lo que se refiere al lenguaje musical, la opera bebe de diversas fuentes, con una escritura que puede sugerir la polifonía vocal del Renacimiento como evocar las danzas cortesanas o las marchas de aquel periodo. Destaca también la afinidad con el melodrama italiano del sigo XIX, de Donizetti, Verdi o Puccini.

“Frente al altar un ataúd con el evangeliario sobre él. Junto a féretro el cirio pascual. Se escucha el coro en la lejanía. Juana, alma en pena, está sentada en el suelo junto al ataúd, abrazándolo evoca su vida de dolor”, así describe Alberto García lo que finalmente pudo verse tanto la noche del viernes como la del sábado en el Auditorio Manuel de Falla gracias a la excelente interpretación de María Katzarava, magníficamente  arropada por el Coro y el Joven Coro de la OCG.

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