Crítica de Cine

Leo Harlem contra el cine

Una imagen de la muy desafortunada comedia que firma Dani de la Orden. Una imagen de la muy desafortunada comedia que firma Dani de la Orden.

Una imagen de la muy desafortunada comedia que firma Dani de la Orden.

La comedia española de éxito es como un choque de trenes, como un Frankenstein de saldo y costuras gigantes entre la fórmula de importación (aquí italiana: Sole a cantinelle) y su remedo nacional en clave cuñadista y con los dos ojos puestos en la televisión y sus audiencias embrutecidas.

El mejor verano de mi vida da carrete corto al conocido monologuista Leo Harlem y lo suelta en medio de un producto prefabricado en el que cada uno de sus chistes, réplicas, ocurrencias, parrafadas y salidas controladas de tono terminan literalmente encapsulados y anestesiados en el formato blanco, blando, viscoso y plano de una trama vergonzante y unas formas adocenadas que hacen literalmente imposible cualquier complicidad con la propuesta.

Si al despropósito vacacional de padre viejo e hijo postizo le añadimos el habitual desfile de rostros y secundarios de sitcom (cautivos de sus estereotipos rancios en aras de una profesionalidad mal entendida), una historia de terapia infantil y unos apuntes de actualidad de juzgado de guardia a costa del desempleo, los sindicatos y la crisis económica, el tipo entrañable, verborreico y mezquino que intenta sacar a flote el cómico leonés bien pudiera servir en un futuro no tan lejano como muestra y síntoma de uno de los periodos más nefastos de la comedia popular de este país.

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