Ciclo La Voz Humana

Viaje al universo sonoro del León de Oro

  • El conjunto vocal ofreció un concierto sugerente a través de un programa que recorrió desde el Renacimiento al siglo XXI

El León de Oro en el Ciclo La Voz Humana. El León de Oro en el Ciclo La Voz Humana.

El León de Oro en el Ciclo La Voz Humana. / R.G.

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El León de Oro, uno de los conjuntos vocales de mayor proyección a nivel nacional, visitó este fin de semana Granada para dar un magnífico concierto dentro del II Ciclo La Voz Humana. Su director, Marco Antonio García de Paz, preparó un viaje sugerente al universo polifónico en el que se desenvuelve la riqueza sonora del conjunto, proponiendo un programa que recorrió magistralmente el amplio abanico que se encierra entre el Renacimiento más puro hasta la música contemporánea del siglo XXI.

El Ciclo La Voz Humana está demostrando con cada nuevo concierto haberse convertido en una realidad cultural de gran dimensión, a juzgar por la excelencia artística de su programación y la masiva afluencia y atronadora aceptación de todos sus conciertos. Con lleno absoluto en el Monasterio de San Jerónimo, en esta ocasión fue el León de Oro quien deleitó al público asistente colgando el cartel de localidades agotadas. Y es que este ciclo ha encontrado la fórmula perfecta de calidad y atractivo: conjugar en un solo ciclo el amplio espectro expresivo que la voz humana contempla y ejemplificarlo mediante la presencia en nuestra ciudad, a menudo en exclusiva y por primera vez, de los grandes referentes del momento.

Si la semana pasada comentábamos cómo el Marian Consort había constituido un hito con su magnífico concierto, esta semana Granada puede apuntar con letras de oro otro referente para la historia; y es que el León de Oro embelesó al público asistente con la perfecta conjugación de sus voces y la versatilidad expresiva de su propuesta artística. Marco Antonio García de Paz, conocedor de la ductilidad y calidad de su conjunto, articuló un programa con dos partes diferenciadas: la primera centrada en el Renacimiento europeo y la segunda focalizada en la contemporaneidad.

Sin duda, la polifonía renacentista es uno de los vehículos más sublimes para la expresión vocal. Escuchar en la interpretación del León de Oro obras como Nesciens Mater a doble coro de Jean Mouton o Ave virgo sanctissima a cinco voces de Francisco Guerrero es un disfrute para el oído y el alma. La perfecta conjugación de las voces a cappella en este repertorio exige de sus intérpretes una claridad y afinación perfecta, algo que el conjunto de Marco Antonio García de Paz demostró dominar sobradamente. Jugando con el espacio y la densidad sonora, el director compensaba las voces en cada nueva obra. Cabría destacar al respecto la densidad polifónica del Regina coeli de Francisco Guerrero o la belleza en el discurso del Regina coeli de Tomás Luis de Victoria a ocho voces dispuestas en dos coros enfrentados.

La segunda parte del programa incluyó obras del repertorio sacro contemporáneo, en las que se demostró que la piedad y la belleza artística no están reñidas con una concepción moderna del lenguaje compositivo. Así, el Sanctus de la misa a doble coro de Joseph G. Rheinberger resultó sobrecogedor por sus complejas armonías y la belleza del sonido de las voces. Particularmente expresivo fue la obra Duo Seraphim de Rihards Dubra, una compleja pieza en la que dos solistas femeninas, habitual timbre utilizado para este texto bíblico, se ven arropadas por diversas combinaciones sonoras realizadas por el resto del coro; ostinati, superposición cromática de sonidos, polirritmias y un uso versátil de la densidad sonora se conjugaron en la interpretación de esta obra, que recibió una unánime y prologada ovación del público.

También resultó emotiva la meditativa y recogida polifonía de Arvo Pärt en Virgencita, el juego textual y contrapuntístico de John Taverner en As one who has slept o la piedad clásica y juegos tímbricos del Credo de la misa a doble coro de Frank Martin, con la que se cerró el concierto.

El numerosísimo público asistente, puesto en pie, no cesó de aplaudir al León de Oro durante varios minutos seguidos hasta persuadir a Marco Antonio García de Paz para ofrecer una pieza fuera de programa: el Kyrie del Cantus Missae de Rheinberger.

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