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Mario Maya, presente

  • l 'Mario Maya. Flamenco y creación'. Hasta el día 27 en la sede del Cicus (Madre de Dios, 1). De lunes a viernes, de 11:00 a 21:00 horas.Una exposición sobre el bailaor retrata a través de una serie de fotografías al hombre "que amaba la vida" y al maestro que dejó huella en los artistas de la actualidad

Aún está pendiente, señala la directora de la Bienal, Rosalía Gómez, la gran exposición sobre Mario Maya "que Sevilla le debe" al bailaor. Pero los organizadores de la cita consagrada al flamenco no querían que pasara una edición más -hace cuatro años ya que el intérprete falleció, precisamente en plena Bienal, días después de presentar su espectáculo Mujeres- sin recordar a una figura crucial de la danza, cuyo legado perdura como una referencia indiscutible en algunos de los intérpretes más reputados de la actualidad. El Centro de Iniciativas Culturales de la Universidad de Sevilla (Cicus) es el espacio que acoge hasta el día 27 la exposición Mario Maya. Flamenco y creación, una selección de unas 30 fotografías que, como dijo ayer su viuda, Mariana Ovalle, retratan a un hombre que amaba con pasión infinita no sólo su profesión, "también sentía afición por el cante y por la vida".

Dado lo difícil que resultaba la criba frente a unos fondos que se estiman en unas 4.000 imágenes, la atención de la muestra se ha centrado en dos de sus montajes más emblemáticos: El amor brujo y Réquiem flamenco. Dos piezas, la primera de 1987 y la segunda de 1994, que simbolizan la audacia y el magisterio que aportó el trabajo del cordobés. "Mario consiguió hacer las cosas atemporales. Hoy vemos obras suyas de hace 30 años y siguen siendo modernas", sostiene Ovalle, que ayer estuvo acompañada de los hijos del bailaor, Mario y Ostalinda. Entre las fotografías que articulan la memoria sentimental de Maya -aparece cargando con una cámara de fotos en la Alhambra, con su maestra Pilar López, "una persona que cambiaría su vida", o junto a monstruos sagrados como Pastora Pavón y Antonio Mairena; también volcado en el proceso creativo de los ensayos y en las representaciones de sus obras-, sobresale un retrato que a la viuda le gusta especialmente, y que se ha escogido para recibir al visitante a la exposición. Allí Maya baila con una camiseta de la New York University, un detalle que emociona a Ovalle por el modo en que su marido reivindicó que el ámbito de lo jondo estuviese representado en los planes académicos. "Me gusta porque Mario siempre decía que el flamenco tenía que estar respaldado por la Universidad", admite.

El intérprete fue, como aseguraba ayer Domingo González, antiguo director de la Bienal y actualmente en el Cicus, un "eslabón necesario para que se pueda entender el discurso estético de la actualidad", un puente entre el pasado y el futuro. En las imágenes de la muestra se aprecian a unos jovencísimos Israel Galván o María Pagés, dos de los muchos alumnos a los que Maya contagió su perspectiva comprometida del baile.

El director de escena Ramón Pareja, que asistió ayer a la inauguración de la muestra, resalta esa personalidad libre y valiente de Maya. El montaje Camelamos Naquerar le permitió conocer al bailaor. Pareja todavía muestra su fascinación por ese título "misterioso, esotérico que encerraba la clave, en romaní, de una libertad negada; el poder hablar". Corrían los años 70, "cuando ser pobre, o paria o gitano era lo mismo y la única posible libertad o expresión existencial del dolor era el quejío, lamento jondo y profundo hacia ninguna parte". Los movimientos de Maya parecían canalizar una vida "sometida, oscura, y, por qué no, pura", su baile "era en aquel espectáculo un ejemplo de cuando bailar contra el frontón de la historia era mucho más que un ejercicio de virtuosismo". Una impresión que Pareja afianzaría cuando trabajó con el intérprete en El amor brujo. En su recuerdo, Maya sigue perteneciendo a esa estirpe privilegiada de creadores que supo incorporar a su obra el latido de un tiempo, a esa nómina de artistas que "fueron el álter ego de este país, cuando la mayoría, buscando un grito en común, se encontró con un quejío".

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