arte

Máximos desde mínimos

  • El universo pictórico de Miguel Villarino, concentrado en la nueva muestra de La Empírica

  • Bellas Artes apuesta por el joven talento Tomás Justicia

Máximos desde mínimos

Máximos desde mínimos

En Granada, ya, nadie del mundo del arte pone en duda que la Empírica, desde su apertura, no sólo va haciéndose un hueco en el paisaje expositivo autóctono, sino que está potenciando una plástica abierta donde tienen cabida muy buenos -y con muchas perspectivas - proyectos de importante dimensión. Las muestras que han llegado hasta Casillas Prats transitan por los más amplios parámetros de la contemporaneidad artística y transcriben aspectos variados de ese arte en abierta expansión que hoy se viene realizando.

Tras el formalismo colorista de Marysol y el supremo conceptualismo de Carmen Sicre, Miguel Villarino llega con su esencialismo representativo que deja entrever una realidad matizada por determinantes registros. El artista que llega a la sala granadina, esa que regenta una serie de conocidos activos de la cultura de la ciudad, es un importante autor zamorano, pintor y grabador principalmente, aunque también asume otras disciplinas artísticas que tiene una capacidad máxima para atrapar el unánime interés. Un creador que está presente en importantes colecciones de España y el extranjero, que forma parte de significativos catálogos y que deja, sin duda, la huella inequívoca de un lenguaje personal e intransferible. Su pintura parte de un gran esquematismo compositivo, una estructura básica de elementos escuetos y de distintos planteamientos conceptuales, algo que, desde sus diferentes y solitarias posiciones, el artista aúna para componer un escenario de máximos desde mínimos.

La exposición, titulada Vuelta a casa, nos conduce por una serie de importantes obras que repiten la iconografía típica del autor en donde se suceden, en un misterioso juego de complicidades, los elementos compositivos de su escueta pero determinante partitura pictórica, una esbozada construcción de líneas simples que estructuran un edificio de puntiagudas cubiertas, unas estilizadas torres, una escena compartimentada en cuyos parámetros se encierran líneas coloristas, bucles, meandros, grafías conformantes que se yuxtaponen a simples campos de color, a veces con el negro definiendo supremas posiciones, palabras y números y, como superior sujeto constitutivo y poderosa fórmula significativa, un enigmático paisaje poderosamente construido con simples gestos vehementes de color, en actitud de andar, tocado con un sombre y cayado al hombro. Todo ello sirve a Villarino para crear un universo que abre las compuertas emocionales para que la mirada encuentre posiciones visuales que las transporten y las haga sujetos que posibilitan infinitas referencias interpretativas.

Estamos ante una pintura que no relata una sola línea significativa sino que potencia múltiples realidades puestas en juego desde simples y esenciales registros que potencia el juego cómplice y deja abiertos diáfanos horizontes.

De nuevo, otra gran exposición en la Empírica. Lástima que el espectador sólo pueda acudir a ella dos días a la semana.

Fuerte llamada de atención

La Facultad de Bellas Artes está que se sale. El nuevo equipo rector de la misma está trabajando con ahínco en el fomento de la creación, al tiempo que está realizando una exhaustiva programación, en todos los sentidos, para que lo artístico tenga infinitas consecuencias y sirva para que los alumnos no sólo sean unos futuros titulados, sino también para que encuentren muchos motivos tangentes al arte para una posible profesión artística en alguna de sus muchas vertientes. Al FACBA, aquel exitoso programa que llenó de contenido los espacios expositivos de la ciudad e implicó activamente a las instituciones culturales existentes, le va a continuar, próximamente, otro nuevo aluvión de proyectos para seguir generando sumo interés por toda Granada y dar, con ello, cabida a todos los sectores del arte. Al mismo tiempo, la sala de exposiciones que se encuentra en los espacios del en otrora Manicomio de la ciudad no ceja en su empeño de albergar las obras de los artistas más jóvenes que tengan propuestas importantes y sepan crear las máximas expectativas. En este sentido, un joven alumno, con la carrera recién terminada, presenta un interesante y ambicioso proyecto que no está pasando desapercibido para nadie.

Tomás Justicia nos ofrece Animalarium, un proyecto artístico compuesto por una serie de piezas de distinta naturaleza plástica que tiene a la biología como clara referencia y cuyo principal objetivo conceptual es el de ofrecer a los espectadores una realidad indiscutible y hacer llegar el proceso inexorable al que está abocado el planeta debido a las múltiples contaminaciones existentes, sobre todos aquellas que derivan de la radiación nuclear y de la destrucción descarnada del medio natural por parte del hombre. Pero vayamos por partes. Lo primero que el visitante a la sala se encuentra es una muy cuidada colección de obras, esculturas, pinturas, dibujos e instalaciones. La primera mirada no ofrece duda. Poco a poco, el observante se da cuenta que, además del propósito significativo, las obras son unos cuidadísimos proyectos artísticos. La pintura, poderosa pintura; el dibujo, delicada estructura de elegantes contornos; la escultura, formas de contundentes posiciones plásticas; las instalaciones, intervenciones de acertada constitución y sobrada puesta en escena. A partir de tan ilusionante visión, con la mirada cuidadosamente adaptada a los importantes valores artísticos que se observan, el espectador asume el poderoso concepto significativo que envuelve a cada una de las piezas. A tan importante continente el contenido tenía que estar a la misma a la altura, y el joven artista lo consigue con solvencia y justa sabiduría creativa.

La sociedad, con su impenitente discurrir destructivo, de suprema inconsciencia medioambiental, con su infinita ceguera y su indolencia para una problemática inmediata, de la que se conoce sus incontrolables efectos, está acabando con la naturaleza y con todo lo que en ella subsiste. Justicia propone un nuevo animalarium, unas especies nuevas que se adapten al nuevo orden natural que se establecerá tras tanto proceso destructivo. Serán especies híbridas, entre objeto artificial y cuerpo animal; todo proveniente de ese letal contacto de la fauna con los despojos que el hombre produce. Pues como dijo el propio Charles Darwin: las únicas especies que sobrevivirán a las catástrofes serán aquellas que más se adapten a los cambios. El creador, con una gran carga de ironía, propone nuevos animales que transformen sus cuerpos, sus formas de vida y hasta sus instintos.

Artísticamente, Justicia crea un estamento constitutivo lleno de entidad creativa, de dimensión plástica y de carácter formal. Conceptualmente, sus obras están llenas de sentido, de trascendencia y de espíritu social; son cantos lúgubres contra la destrucción de la naturaleza y contra la propia autodestrucción humana. El trabajo de Tomás Justicia es una obra de verdadera denuncia social pero, también, bellos cantos de naturaleza plástica, bien ideados, mejor definidos y sabiamente llevados a escena. Con la exposición de este artista, de nuevo, la Facultad de Bellas Artes nos sitúa en su poderosa compromiso con un arte que, desde sus espacios, debe salir con mucha verdad y suma intensidad creativa.

Comentar

0 Comentarios

    Más comentarios