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Muere a los 87 años el actor Jean Rochefort, el mostacho del cine galo

  • El intérprete, uno de los rostros más populares del séptimo arte francés, participó en 113 películas y decenas de telefilmes

El actor Jean Rochefort. El actor Jean Rochefort.

El actor Jean Rochefort. / efe

Jean Rochefort, fallecido ayer a los 87 años, escondía tras su legendario bigote uno de los rostros más populares del cine francés, con el que a lo largo de 113 películas y decenas de telefilmes, contribuyó con el mismo talento a hacer reír y llorar durante medio siglo de carrera.

Su rostro afilado, su voz profunda y seductora, su elegancia aristocrática, construyeron un personaje que modeló a lo largo de los años con toques de una ironía que supo combinar con la seriedad en unos roles y humor en otros.

Ingresado en agosto pasado por problemas de salud, el intérprete de El hombre de la Mancha, sobre la vida de Don Quijote, o de El artista y la modelo, dirigida por Fernando Trueba, falleció en un hospital de París.

César honorífico al conjunto de su carrera en 1999, Rochefort era uno de los actores más queridos de Francia, tanto por su labor en el cine como por sus papeles en la televisión y en el teatro. Su voz grave, profunda, y el inconfundible bigote que adornaba siempre su rostro afilado, asimétrico, le conferían una personalidad propia que le hizo ganarse el cariño del público y de la crítica.

Nacido en la capital francesa el 29 de abril de 1930, desde los años 50 se convirtió en uno de los miembros de la llamada "banda del Conservatorio", por haber estudiado junto a otras figuras del cine francés como Annie Girardot, Michel Beaune, Jean-Paul Belmondo, Bruno Cremer, Jean-Pierre Marielle, Claude Rich, Pierre Vernier o Philippe Noiret.

Sus primeros papeles estuvieron a la sombra de Belmondo, con quien a lo largo de los años construyó una sólida amistad. En 1972 dio el salto a un papel protagonista en Les feux de la Chadeleur, de Serge Korber, al que siguieron otros como los que hizo en Le Grand Blond avec une chaussure noire, L'Horloger de Saint-Paul o Que la fête commence, de Bernard Tavernier, que le valió su primer César en 1976, en esta ocasión por su papel secundario. Dos años más tarde ganó el de mejor actor por su papel en Le Crabe-tambour, de Pierre Schoendoerffer. A lo largo de los años, Rochefort combinó papeles en grandes películas con otros de corte más popular.

Irónico y ecléctico, el actor mantuvo siempre una libertad de palabra que le hizo estar en muchas ocasiones en el centro de la polémica. Su última aparición en la gran pantalla data de 2015, cuando protagonizó Floride, de Sandrine Kiberlain, durante cuya promoción reconoció haber protagonizado películas "lamentables" y mostró su deseo de "elegir mejor los papeles". "No quiero castigar más al público", ironizó entonces el anciano intérprete, que en los últimos años se dejó ver en una serie documental de televisión.

Nieto de un cochero y criador de caballos de Dinan, en Bretaña, Rochefort cultivó una pasión por ese animal que le llevó a poseer una cuadra y a convertirse en comentarista de las pruebas olímpicas de doma.

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