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Original propuesta de encuentro

Los músicos y la cantaora, en su magnífica fusión. Los músicos y la cantaora, en su magnífica fusión.

Los músicos y la cantaora, en su magnífica fusión. / álex cámara

El espectáculo que presenciamos este lunes en el Patio de los Arrayanes, que lleva por título Diálogos de viejos y nuevos sones, podría calificarse no tanto como un diálogo entre dos mundos musicales bien definidos -en este caso, por sus dos principales protagonistas, el flamenco y la música barroca- sino como una original y muy personal propuesta de encuentro y de diálogo inspirador entre dos artistas de músicas que si bien es cierto que se desarrollan por separado y viven en ámbitos muy diversos, en realidad cuando se ponen a dialogar, acabamos por comprobar que tienen muchos puntos en común.

No sólo estamos ante el hecho, más que evidente, de que hoy día los géneros musicales son abiertos en la praxis (el flamenco hace ya décadas que abandonó su "neoclasicismo mairenista"), sino que además las investigaciones recientes van encontrando puntos de ligazón entre el cante, el baile y el toque por un lado, y los sones de folías, marionas, zarabandas o canarios por otro.

La cantaora Rocío Márquez (Huelva, 1985), de voz clara y personal, timbrada y cálida, es ya una de las voces destacadas del flamenco actual y se encuentra en un momento de madurez creativa e intepretativa. Por su parte Fahmi Alqhai (Sevilla, 1976) es, a pesar de su juventud, uno de los más prestigiosos intérpretes de viola da gamba a nivel mundial. Cuenta ya en su haber con experiencia de diálogos musicales con el flamenco, como es el caso de su cuarto CD, Las idas y las vueltas, junto a la figura del cantaor Arcángel. Junto a Rocío y Fahmi estuvieron el hermano de éste, Rani Alqhai (segunda viola da gamba) y Agustín Diassera a la percusión.

En el concierto hubo un poco de todo, aunque el grueso procedía de la "música antigua" y del flamenco: romances, canciones, seguiriyas, peteneras antiguas y modernas, tonadas del barroco español como canarios, zarabandas, chaconas…

Se abrió el concierto con un ostinato de mariona, tonada del barroco español ligada al baile popular, que fue acompañada al cante por pregones y por una tonada flamenca que Rocío cantó al estilo de los viejos pregones cambiando en su última parte a música con aires de colombianas. Fue una especie de pupurrí, de diálogo que remite a su posible génesis creadora: una cierta búsqueda improvisatoria entre ambos principales protagonistas, que acaba por materializarse en una composición nueva pero construida con aires antiguos.

Fue esa la tónica de la noche. Le siguió una tonada con letra de Santa Teresa: "Vivo sin vivir en mi. Y tan alta vida espero…", interpretada con aires de bambera. Vino a continuación una bellísima tonada, la nana sobre El cant dels ocells, el canto de los pájaros, melodía tradicional catalana de letra intimista y lírica: "Tu risa es un jazmín que acaba de brotar de la noche más bella…" y que Rocío remató por granainas ¡y en catalán! Para que luego se diga. Hubo referencias al Alosno en La mañana de San Juan, fiesta tan celebrada allí, con música de coplillas populares rematadas con una melodía próxima a un fandango del Niño Gloria.

Una de las piezas más líricas de la noche fue Si dolce è il tormento, bellísima composición del gran Claudio Monteverdi y letra de Carlo Milanuzzi, datada en 1624. La pieza se inició ad libitum, sin ritmo definido, hasta adoptar un compás alterno de 12/8 (3,3,2,2,2), tan abundante por cierto en el barroco español como en el flamenco. Un ejemplo más, por cierto, de los puntos en común entre ambos repertorios.

Pieza mucho más a compás desde el inicio fue la de los Canarios, unos de los sones y bailes más populares del barroco español, procedente de ámbitos populares y siempre interpretados en un tempo rápido con figuraciones de tresillos y danzado con zapateados. De hecho el famoso zapateado, interpretado como danza de jaleo a finales del siglo XVIII, parece proceder de los canarios. En nuestro concierto Fahmi Alqhai interpretó los Canarios muy virtuosísticamente, en un tempo más rápido aún que el convencional. Por su parte Rocío Márquez los remató por tanguillos, quizá guiada por su intuición musical pero, apuntamos nosotros, respaldada por datos históricos que la avalan.

También hubo espacio para la música sefardí, al menos en su estilo interpretativo y en las referencias que suelen hacerse a ella cuando se habla de la Petenera. Fue interpretada ésta con aires sefardíes orientalizados, con mucho melisma inicialmente, pasó luego sin solución de continuidad a la petenera clásica del flamenco Quisiera yo renegar, y remató con la conocida canción sefardí A la una yo nací, a la que Fahmi Alqhai introdujo un original ritmo irregular de 7 tiempos, para realzar ese sabor europeo oriental con el que muchos sefardíes convivieron después de su triste diáspora.

El final vino con anécdota servida: un corte de luz en la toma de corriente del sonido hizo que la seguiriya final fuera cantada a viva voz. Ni preparado pudo haber quedado mejor. El cuarteto pasó hacia delante, muy junto al estanque y la voz natural y sin amplificación dio un toque intimista a la última parte del concierto. Ante los aplausos continuados e intensos con los que el público respondió, éste fue obsequiado con una sentida y original versión de Píntame angelitos negros, poema musicalizado por el mexicano Manuel Álvarez Rentería y popularizado primero por Pedro Infante y más tarde, sobre todo en España, por Antonio Machín.

Fue sin duda una original velada musical, de música de cámara alla spagnola la que nos brindó este lunes el programa de los Festivales. Desde el punto de vista del conjunto instrumental, la solución de dos violas, cante y percusión quizá ganaría con un quinto instrumento que le preste cierto arrope armónico. Si no la guitarra flamenca, que pudiera adquirir un protagonismo excesivo, una vihuela o mejor aún guitarra barroca de cinco órdenes, cuyos punteados y suaves rasgueados pudieran ser el complemento perfecto del conjunto. Relleno armónico que en algunas ocasiones echamos en falta. Desde luego que no por la calidad de los artistas -la tienen y muy sobrada-, sino como posible mejora tímbrica de la propuesta de conjunto, que fue excelente. Ojalá que lleguen muchas propuestas como la que tuvimos la suerte de disfrutar en el mágico marco del Patio de los Arrayanes en una noche veraniega que quedará para muchos en el recuerdo permanente.

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