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El Premio Nacional de Cine reconoce la autenticidad de Ángela Molina

  • El jurado define como "arriesgada y original" a la actriz, musa de Gutiérrez Aragón y el 'oscuro objeto de deseo' de Buñuel, una intérprete con cuatro décadas de trabajo a sus espaldas

"Tiene tal presencia que un desnudo suyo sería una redundancia", escribió sobre ella Manuel Gutiérrez Aragón en el libro A los actores (Anagrama, 2015). Ángela Molina (Madrid, 1955) posee uno de los rostros más magnéticos y sugerentes del cine español: su figura ha fascinado desde sus años más jóvenes, cuando Luis Buñuel la convirtió en Ese oscuro objeto del deseo (1977), hasta la espléndida madurez que lucía en su último trabajo, la obra de teatro César y Cleopatra, donde compartía tablas con otro veterano, Emilio Gutiérrez Caba.

El Ministerio de Cultura le concedió ayer a esta intérprete "espontánea, auténtica, arriesgada y original" el Premio Nacional de Cinematografía, dotado con 30.000 euros, por su larga carrera ante las cámaras, una trayectoria en la que ha dejado palpable "la estirpe de artistas de donde proviene, trabajando fuera y dentro de nuestras fronteras, marcando con sus interpretaciones la talla de actriz que la han hecho merecedora de numerosos reconocimientos y premios". En su fallo, el jurado, presidido por la directora general del Instituto de la Cinematografía Lorena González y en el que estaba el galardonado del pasado año, Fernando Trueba, resaltó también su "amor y generosidad con cada uno de los actores y directores que ha trabajado".

Desde su primera aparición en No matarás, de César Fernández Ardavín, de 1974, Molina ha proyectado a lo largo de cuatro décadas una imagen de mujer pasional e intuitiva, una mezcla de carácter y fotogenia a la que ningún método ha conseguido encorsetar.

Hija del cantante y actor Antonio Molina, la actriz es la representante más destacada de una saga de intérpretes que incluye a sus hermanos Miki y Mónica y a su hija Olivia. Molina puede presumir de haber colaborado con algunos de los directores más notables del cine español: además de Buñuel o Gutiérrez Aragón, la madrileña ha rodado con José Luis Borau, Bigas Luna, Pedro Almodóvar, Josefina Molina, Jaime Chávarri, Jaime de Armiñán o Agustí Villaronga, entre muchos otros. Es asimismo una de las artistas españolas más solicitadas en el exterior, y en su filmografía destacan largometrajes de Marco Bellocchio, Lina Wertmüller, Giuseppe Tornatore, Miguel Littin, Ridley Scott o los hermanos Taviani.

La protagonista de Bearn o la sala de las muñecas, Demonios en el jardín o Lola ha logrado entre otros premios el italiano David di Donatello, que recibió por la película Camorra: Contacto en Nápoles en 1986, el mismo año que conquistó la Concha de Oro del Festival de San Sebastián por una de sus colaboraciones con Gutiérrez Aragón, La mitad del cielo. El Goya, hasta el momento, se le ha resistido a una actriz que ha sido finalista al premio en cinco ocasiones, por la mencionada La mitad del cielo, Luces y sombras, Las cosas del querer, Carne trémula y Blancanieves. Conscientes de la deuda que tenían con ella, los académicos españoles le concedieron la Medalla de Oro de la institución en 2013.

"Hay que arriesgar y ser auténtico", unos calificativos que no considera un "mérito, sino una necesidad", dijo ayer la actriz a la agencia Europa Press tras conocer la noticia del Premio Nacional de Cinematografía. Molina se mostró humilde y resumió su profesión, ese oficio en el que lleva más de 40 años, con unas sencillas líneas: "Yo me limito a soñar, trabajar, a dar todo lo que puedan mis sentidos, y elucubrar una idea que entre todos tenemos que conseguir que se convierta en un sueño", aseguró la intérprete.

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