in memoriam

Queremos tanto a Claribel

  • Claribel Alegría llegó a Granada por primera vez en los sesenta buscando las huellas de Lorca entre Víznar y Alfacar y dejó constancia de ello en su sobrecogedor poema 'Sorrow'

En 1984 algunos amigos de Julio Cortázar publicaron un pequeño libro en la editorial Nueva Nicaragua que llevaba por título Queremos tanto a Julio. Se trataba de un homenaje al autor de Rayuela que orquestó Hugo Niño. En él, 20 escritores desempolvaron recuerdos pensando en el amigo común. Entre los participantes estaban Claribel Alegría y su esposo Darwin Flakoll. Claribel Alegría cumplió 90 años el 12 de mayo de 2014, y aunque eso de las efemérides no tiene por qué tener la menor importancia, a veces pueden servir como excusa para pensar en alguien, para tenerlo más presente si cabe. Así que sin otra intención que decirle a Claribel cuánto la queríamos, otra "mágica tribu" nos pusimos manos a la obra para que ese libro pudiera estar a tiempo en Managua ese día en el que Claribel Alegría sopló las velas de sus primeros noventa años. Jugar con el título del homenaje a Cortázar nos pareció algo bonito, una forma más de estrechar vínculos, de actualizar viejos recuerdos. Y así, amigos con Eduardo Galeano, Sergio Ramírez, Gioconda Belli, Ernesto Cardenal y otros muchos le dijimos por escrito que la queríamos, que la admirábamos y le dábamos las gracias de corazón por haber hecho de nuestro mundo un lugar mucho mejor que antes de conocerla. La poesía verdadera siempre es un acto de amor.

En febrero hará 13 años que nos conocimos, desayunando en el Hotel Alhambra de mi Granada nicaragüense. Recuerdo lo que me dijo: "Mi padre se llamaba Daniel Alegría Rodríguez y usted Daniel Rodríguez. Haremos buena amistad". Y no se equivocaba mi querida Claribel Alegría, no se equivocaba porque en todos estos años nos hemos querido tanto... Son días tristes estos en los que tengo la certeza de que cuando vuelva a Nicaragua, muy pronto seguro, no podré echar un Flor de Caña, el mejor roncito del mundo, en su casa de Los Robles, ni podremos llorar juntos a nuestros queridos Fran y Ulises, dos escritores nicas maravillosos que murieron demasiado jóvenes.

Me pedía ayer Isabel Vargas, periodista de Granada Hoy siempre atenta a lo que pasa en la poesía, que le contara cosas de Claribel y su vinculación con Granada y a mí se me amontonan tantos momentos, en esta Granada, en la otra, en Managua y en más lugares del mundo, que se los iba atropellando uno tras otro. A esta Granada llegó Claribel en los sesenta buscando las huellas de Lorca entre Víznar y Alfacar y dejó constancia de ello en su sobrecogedor poema Sorrow. Aquí volvió en los ochenta, cuando se organizaron unas jornadas de solidaridad con Nicaragua en esos momentos en los que la Contra comandada por Reagan dinamitaba el sueño de la revolución. Y mucho después en 2006, y luego en 2010, para el Festival de Poesía donde nos regaló momentos inolvidables. Todavía hay quien me recuerda sus lecturas llenas de magia y simpatía y aquel poema a su gata Sabrina con el que llenamos los autobuses de la Rober y los buzones de toda Granada.

No me puedo quedar con un sólo momento de los muchos vividos a su lado, es imposible porque todos fueron únicos e irrepetibles. Como el día en el que con apenas cuatro meses de nacida, tuvo por primera vez en sus brazos a mi hija, Daniela Claribel, su ahijada de vida, y vio que en sus ojos que había algo especial porque, todos los que conocen a Claribel lo saben, ella tenía algo de bruja. Antes le había enviado un poemita para que leyéramos en su bautizo, que fue con la Misa Campesina de Carlos Mejía Godoy gracias a la complicidad de mi querido Antonio Praena. O el día que gracias a la iniciativa de Raúl Lozano el hotel Los Peregrinos le dedicó una habitación con el nombre de uno de sus poemas, Carta al tiempo. Tantas charlas en el jardincito de Los Robles, o en la casa de Blanquita Castellón con los amigos, con Gioconda Belli, con Sergio Ramírez y Tulita... y con los que no estaban pero estaban como Roque Dalton, Tito Monterroso... tantos poemas leídos y presentados como "los últimos que ya escribo", pero luego siempre venían más.

El día del fallo del Premio Reina Sofía desperté a las 5 de la mañana hora nicaragüense a Elsy, su enfermera que tanto la cuidó, para darle la noticia, que a mí me daba en primicia Ángeles Mora que formaba parte de ese jurado (cuánto agradezco a Ángeles que empujara para que se hiciera justicia en ese premio), y después, cuando pude hablar con ella, me dijo que, a pesar de los años, de que ya no viajaba, vendría a Madrid en el que, decía, seguro sería su último viaje. A los pocos meses, en julio, en Nicaragua, nos despedimos citándonos para noviembre en el Palacio Real para la ceremonia de entrega. Los dos cumplimos con nuestra cita. Fue un día alegrísimo pero la vi tan cansada. Hablamos por teléfono en Navidad para felicitarnos y mucho me insistió en saber si iríamos en julio, porque en Madrid, se lamentaba, apenas si pudimos platicar con tranquilidad.

Del día 10 de enero es su último correo electrónico. Muy corto: "Quiero decirles cómo los quiero. ¿Cuándo vienen por Nicaragua? Besos, Claribel". Queremos tanto a Claribel... y sí, la vamos a echar de menos pero tengo la certeza de que la voy a tener muy presente. En sus poemas, que siempre me acompañan. Y en los ojos de mi hija.

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