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La 'ópera prima' de Rita Molina relata la encarnación del mal y la pasión

  • El salón de actos de la de la Once acoge mañana la presentación de la última obra de Crisol

José Carlos de la Cueva y Rita Molina. José Carlos de la Cueva y Rita Molina.

José Carlos de la Cueva y Rita Molina. / Alex Cámara

La editorial Crisol ha querido dar cobertura a la primera incursión en la narrativa de Rita Molina, que se estrena como escritora con una obra que se presentará mañana en el Salón de Plenos de la Once y que lleva por título El gorrión de Glasgow. El libro, según su autora, es "una novela romántica entre demonios": "Nadie es tan malo como para no sentir algo por otra persona". Los diablos "se encarnan generación tras generación hasta poder reunirse". Los amantes se convierten así en la encarnación del mal".

Pero el origen de la obra es más cotidiano que su temática. Molina cuenta que el germen de su ópera prima está en un viaje por Glasgow que realizó con su familia. "Me llamó la atención que había muchas palomas y muchas gaviotas pero no veía ningún gorrión. Y según una leyenda de mi país, cuando un gorrión entra en tu casa, entra Dios con él", dice Molina, natural de Guatemala pero afincada en Granada. La autora, de 44 años, lleva ya dos décadas residiendo en esta provincia en la que se ha centrado en el cuidado de su familia a pesar de contar con estudios de Publicidad y de Magisterio.

La escritora puntualiza que a pesar del tema del mal, "no se trata de una obra fantástica sino que está basada en investigaciones sobre sectas satánicas y lo que las personas dice que ven o han vivido".

"El gorrión en el libro es el bien", explica el editor, José Carlos de la Cueva, para quien "la obra es un inventario sobre los peligros del mal".

La chispa que hizo surgir su vocación tardía por la escritura está en las narraciones orales que realizaba para sus hijos. "Cuando íbamos a por el padre al trabajo me pedían que les contase cuentos, historias de miedo. Yo inventaba cosas sobre la marcha, pero siempre procurando que fueran tipo fábula, como una moraleja. Fue mi hijo mayor el que me dijo que tenía que escribir mis relatos, porque eran preciosos", relata Molina sobre el inicio de su faceta de escritora, que empezó casi como un trabajo de equipo compartiendo los textos cuando los iba terminando con su familia. "Fue mi marido el que me dijo de registrarlo todo y mandarlo a las editoriales".

El editor aclara que lo aceptó porque le pareció un libro distinto. "Me entran todos los días una barbaridad de libros. Yo no sé si despertaremos conciencias, pero este libro está dirigido a ello. Aunque el texto necesitó pulirse un poco, no podía dejar de leerlo cuando lo cogí. Y eso le ocurría a todo el que lo leía".

Esa pequeña tarea de 'pulir' la obra cuenta que ha consistido en suavizar un poco algunas escenas que tenían algunos detalles escabrosos y fuertes, aunque la escritora bromea porque no podrá dejar leer a sus hijos su primer libro hasta que sean mayores.

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