Crítica

Rockero reivindicativo

zaidín rock

Lagartija Nick + Rock & Roll Star + Doblas + Zutaten + Kronnen. Fecha: Jueves 8 de septiembre. Aforo: 5.000 personas.

A simple vista todo parecía permanecer igual que en los años precedentes, invariable la ubicación del escenario o de las barras, los accesos o los escasos servicios dispuestos por la organización. Sin embargo, una mirada más al detalle nos revelaba un hecho conocido y que va a influir, lo queramos o no, en el futuro del Zaidín Rock, o al menos en el controvertido asunto de su ubicación. Este hecho es, nada más y nada menos, que la puesta en marcha del Parque Tecnológico de la Salud, en cuyos terrenos colindantes se han venido celebrando las últimas ediciones y donde, tras abrir un proceso de debate, se ha decidido mantener la actual a pesar de la presencia de pacientes en las zonas hospitalarias cercanas. La organización había dispuesto algunos sonómetros que pasaron desapercibidos para la mayoría de asistentes con el fin de registrar los niveles de sonido que se emitían en tiempo real y, eventualmente, reducir la potencia en caso necesario.

Una medida discutible por la propia naturaleza de la ciencia de la acústica y que a la hora de escribir esta crónica no había producido ninguna consecuencia. Veremos qué ocurre en las dos noches subsiguientes, previsiblemente más concurridas y por tanto con mayores posibilidades de tener que aumentar los niveles de emisión. En lo puramente musical, los primeros grupos tuvieron que actuar con el recinto aún a medio ocupar, como habitualmente, y así Kronnen abrieron fuego con su metal alternativo y sofisticado, cuyas sutilezas no parecieron encontrar su mejor acomodo en el ambiente hedonista de unas fiestas populares.

Más se adecuó el planteamiento provocador de los glamurosos Zutaten, que se entregaron a su show desvergonzado sin remilgos. Ellos lo dan todo o no dan nada. Y casi siempre es lo primero, pues donde otros se cortan ellos se crecen. Los terceros en tomar posiciones fueron Doblas, el último proyecto del pionero Ángel Doblas, fundador de TNT y reinventado para esta nueva andadura, de profunda honestidad rockera pero que sufrió la penuria de un sonido infame, vete tú a saber, como especularon algunos, si tendría algo que ver el temor de la organización a superar los niveles de emisión que sí pasaron con creces los que le sucedieron.

En cualquier caso fue el mayor damnificado de la noche a pesar de su entrega y buen hacer, que culminó recordando a su querido Jesús Arias antes de invitar a su hermano Antonio a unirse a ellos para hacer una sentida versión de Cucarachas, que de no haber sido por el deficiente sonido habría supuesto el primer momento álgido de la noche.

Tras ellos llegó el turno de Rock & Roll Star, una asociación de dinosaurios del rock de los ochenta a la que sustentó una solvente banda que se adaptaba igual al rockabilly de Carlos Segarra que al pop sofisticado de Javier Ojeda o el más escorado hacia el country de andar por casa de Manolo España. Temas de todos conocidos como Mi Generación, Eres Especial, Bajo la Luz de la Luna, Mediterráneo (la de Los Rebeldes), Naturaleza Muerta, Sin Aliento, Sabor de Amor, A Este Lado de la Carretera, Donde Nace el Río, Cuando Brille el Sol, Mil Calles Llevan Hacia ti o El Mundo Tras el Cristal fueron coreadas al unísono pero dejaron una sensación agridulce, como despiertan sospechas inconfesables esos hombres que siguen compartiendo piso a partir de ciertas edades.

Finalmente llegó el esperado momento de unos Lagartija Nick que sonaron impecables, rotundos y demoledores, como en sus mejores tiempos, tal vez mejor incluso. Liderados por un comunicativo Antonio Arias, que no se mordió la lengua preguntando qué pasaba con el Nevada, al que acabó por referirse con las palabras "Menudo ladrillazo", el cuarteto puso sus cartas boca arriba de un mazazo, con un golpe sobre la mesa que la levantó de sus cuatro patas, sin concesiones. Canciones como Déjalos Sangrar, Disney World, Universal, Nuevo Harlem, Esa Extraña Inercia, Vuelta de Paseo, que Antonio dedicó a Enrique Morente y a Jesús Arias, o Satélite, con la que quisieron despedirse, cobraron toda la vida y la modernidad que siempre han llevado dentro, para conformar el que probablemente pase a ser el mejor momento de la actual edición, una afirmación arriesgada por parte de este cronista, si consideramos que a la hora de escribir estas líneas aún quedan por delante dos noches de rock. Me atrevo a mantener que ninguna podrá elevarse por encima de la ofrecida por un grupo que puso a Granada a la vanguardia del rock: los Lagartija Nick de los noventa.

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