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Quien mucho abarca

Enrique Valdivieso Band con Ryo Kawasaki & Edith B. . Lugar: Teatro CajaGranada. Fecha: miércoles 16. Aforo: casi lleno.

El concierto de Enrique Valdivieso programado el miércoles en el Teatro Alhambra era a priori uno de los que más curiosidad despertaban en el cartel de este año. Por las muchas connotaciones que traía consigo. Primero por el origen granadino del teclista y también por el retorno que suponía su actuación tras unos años retirado de la escena. Y por supuesto porque somos muchos los que nos posicionamos de manera preferente ante la posibilidad de escuchar un auténtico Hammond B-3 con su motor Leslie a toda máquina, pues se trata, seguramente, del más legendario de los órganos desde que el jazz surgió como género. Vista la actuación, la cosa quedó simplemente en eso, en una curiosidad que no terminó de cuajar tal vez por los muchos caminos que el septeto quiso transitar sin apostar en firme por ninguno de ellos, y que convirtieron su actuación en un batiburrillo de propuestas a medio cocinar. Como esas degustaciones que te dejan con ganas de comprar un bocadillo en la primera tasca con la que tropiezas. En el programa del festival se hablaba de be bop, de swing, de funk y de fusión, pero el grupo quiso empezar con fuerza y abrió con una introducción de órgano solo a modo de homenaje al gran Jimmy Smith, que sin embargo no sonó todo lo limpio que hubiera sido deseable. Valdivieso ya había compartido cartel hace más de veinte años con el insigne organista dentro de este mismo festival. Así, tras Mi querido Smith, quiso rendir un tributo a su esposa con Carmen, un tema que si bien dejó pinceladas de aroma aflamencado y cadencias mediterráneas, también sirvió para que el grupo diera rienda suelta a las disonancias en lo que parecía una furibunda escapada free, que encadenó con Seven steps to heaven de Miles Davis. Ahí se escaparon algunos tics progresivos que corrigieron virando hacia el soul jazz y el jazz-funk de orientación Blue Note con los clásicos Going to the well y The jody grind de Horace Silver, con los que Valdivieso enloqueció sobre las teclas del órgano, como un reencarnado Brian Auger al frente de Oblivion Express. La primera parte culminó con un tema del peculiar Kawasaki, que dejó su rugiente eléctrica para interpretar una pieza de tintes fallescos a la acústica. Fue entonces cuando llegó el turno de la cantante Edith B. que significó el último volantazo de la noche, que se convirtió en un music hall. A partir de ahí, el grupo cambió de vestuario y los pantalones de campana del concierto setentero que habían ofrecido hasta entonces, fueron sustituidos por los impecables trajes con pajarita del repertorio de estándar que acometió la cantante sueca. Four brothers, How high the moon, Ornitology o Air mail special se sirvieron como un popurrí antes de Just one of these things, Just friends, Taking a chance on love o el Stop leadin' me on del incombustible B.B. King, con el que cerraron el consabido bis.

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