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La armónica de Paul Orta llega a la sala Prince

Paul Orta es uno de esos músicos malditos que ha consagrado su vida a su pasión, el blues, en tiempos en los que el viento de las tendencias no soplaba a favor del género. Así que contra viento y marea, desde muy joven, siendo casi un niño, ha permanecido fiel al blues a pesar de la indiferencia con que era recibida esta música centenaria durante sus años iniciáticos. De haber nacido veinte años antes, Orta tendría su propia entrada en las enciclopedias musicales. Nacido en la localidad texana de Port Arthur, en el condado de Jefferson, justo en la frontera con el estado de Luisiana, puro territorio blues y cuna de Janis Joplin, Orta comenzó a los siete años tocando la corneta en la banda de la escuela por influencia de Louis Armstrong, hasta que a los dieciséis, cansado de la poca atención que la banda prestaba al jazz o al blues, decide emanciparse, cambiar el instrumento por la armónica, y seis meses después ya estaba integrado en su primer grupo profesional (The Bayou Boogie Band), recorriendo las cantinas de la zona. A partir de ahí ya jamás abandonará su dedicación a la música de los doce compases.

En 1979 se traslada a Austin, Texas, y tras ganar en el 80 el Kerrville Folk Festival, forma los legendarios The Kingpins junto al guitarrista y paisano suyo Bill Jones y al bajista Eddie Stout. La lista de ilustres del blues con los que ha compartido giras y jams sería interminable (Jimmy Rogers, Snooky Pryor, Eddie Taylor) y ha ejercido de telonero para grandes como B.B. King, John Lee Hooker, Stevie Ray Vaughn, Van Morrison, por mencionar unos pocos. Llamado en su Norteamérica natal Texas Harmonica Tornado, Paul Orta lleva 35 años recorriendo los cinco continentes y expandiendo la religión del blues. Esta noche hace parada en la sala Prince como parte de una gira por el este y el sur de España junto a los Short Fuse.

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