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Lo bello del no sé

58 Festival de Música y Danza. Compañía: DA.TE Danza. Dramaturgia: Juan Mata. Bailarines: Celia Sako, Rosa M. Herrador, Maximiliano Sanfort, Marie Klimesova e Iván Montardit. Espacio Escénico: José A. Portillo. Iluminación: Ernesto Monza. Vestuario: Javier F. Casero. Música: Rafael Liñán y Jesús Fernández. Dirección: Valeria Frabetti y Omar Meza. 58 Festival Internacional de Música y Danza de Granada. Teatro Alhambra. Fecha: 6 de julio.

La belleza durmiente del sujeto es precisamente aquello que -conscientemente- dice que no sabe. Este Cuento contemporáneo para adolescentes que inventa Da. Te Danza dice de aquel tiempo en nuestras vidas en el que una y uno trabajan duro con todo aquello del no sé. Tal vez de ahí se desprenda el espacio escénico en blanco que toma cuerpo en esta pieza. Un espacio metafórico que fluye bien como lugar de lenguaje, un lugar mental en el que asoman al comienzo los bailarines de soslayo y que, cual dudas, danzan a ras del suelo una coreografía de la pérdida que hay -sin lugar a dudas- en toda búsqueda.

Porque, a diferencia del niño, lo que el adolescente busca es la soledad, el solo que intuye ha de bailar; en escena se evoca metafórica y poéticamente a partir del despliegue vertical de cinco grandes velas-cortinas-paneles, que se corresponden a cada uno de los cinco intérpretes, conformando un paisaje de la individualidad rotunda y, sin embargo, dúctil. A lo largo de la hora en la que transcurre, Belleza durmiente bascula entre pasajes más abstractos junto a otros que siguen una lógica narrativa más próxima a la concreción o representación del real. Unos y otros se construyen coreográficamente con el acento puesto en la singularidad, y por tanto, en la simultaneidad de puntos de atención. En este sentido, es elocuente la falta de coreografías sincronizadas en grupo, el espectáculo no cede a ellas aunque sean un consabido recurso a la belleza y faciliten remansarse al espectador.

La composición musical aborda multitud de registros, que igualmente siguen según convenga una lógica más metafórica o más narrativa. El espacio sonoro marca el tono, y trae cierta impredecibilidad, muy afín a ese "tiempo del no sé" de lo narrado. Cuenta junto a lo visual: de la estridencia o el delirio en una noche discotequera, dice de la risa o el juego entre amigos, en un pasaje hablan de la diferencia, la dificultad o el anhelo por ser aceptados y reconocidos por un grupo, otro momento cuenta lo complicado que resulta encontrar una alianza entre lo que uno es y su vestimenta.

El hilo y apoyo argumental, a veces el registro -más grave o más lúdico- , viene de la mano de proyecciones textuales o audiovisuales: ¿De dónde venimos? o ¿A dónde vamos? Cuando uno no sabe que habrá son frases bailables que se nos dan a leer como telones de entrada o salida de esta Belleza dormida.

Personalmente, encuentro más colmo de la realidad -que diría Brasaï- en aquellos pasajes más abstractos, tal vez porque hay menos "cuento" y más "real". Comoquiera que sea es este un feliz estreno y una feliz tentativa de bailarle a un tiempo y a un público complejos.

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