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Cómo ser 'drag' y no morir en el intento

  • Mariano Peña, formado en el extinto CAT, protagoniza en Madrid el musical 'Priscilla, la reina del desierto' con un papel muy alejado de su personaje televisivo La obra es un canto a la tolerancia

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Desde su estreno como película en 1994, el éxito de Priscilla, la reina del desierto radica en que más allá de las plumas, las boas, las pestañas postizas, las pelucas, los tacones de plataforma y el colour power, de todo ese petardeo que se le presupone al mundo travesti y del sinfín de tópicos que acumula -y explota-, la historia de estos tres drag queens querecorren el desierto australiano a bordo de un desvencijado autobús gira en torno a los temas de siempre: el amor, la familia -en su amplísima acepción-, la amistad y la tolerancia. La vida, ya se sabe, es básicamente eso.

Tal fue la acogida de la película que en 2006 se estrenó una versión musical en el Lyric Theatre de Sidney. "La película de Stephan Elliot fue responsable de la hazaña para su época de abrir las mentes y los corazones de la gente para enriquecer la palabra familia en un sentido amplio e inesperado. Sin esfuerzo aparente transforma la homofobia en el homenaje a unos héroes que defienden el respeto a la diversidad en contra de la dureza del paisaje y la intransigencia del paisanaje", explica Simon Phillips, director del montaje, para el dossier promocional de la obra.

Desde su estreno, las marquesinas de Broadway y Londres no han dejado de anunciar Priscilla pero también países como Suecia, Italia, Canadá, Brasil y Argentina. Siguiendo esa estela, la obra llegó a Madrid el pasado octubre para levantar el telón en el Nuevo Teatro Alcalá con la adaptación del polifacético Ángel Llácer. "Priscilla no solo es un autobús, es el lugar donde los personajes se sienten libres. Todos tenemos prejuicios, complejos, miedos…, incluso los protagonistas del musical. Venir a ver este espectáculo es como viajar con Priscilla. Los protagonistas se deshacen de sus ataduras y etiquetas, mostrándose tal y como son", opina Llácer, encargado, además, de acercar la obra al público español a través de guiños y gags que sólo entiende el público patrio.

Cada semana miles de espectadores acuden a esta obra: la mitad de Madrid y la otra mitad procedede de otras comunidades, siendo el público andaluz el que mejor ha conectado con este musical que confirma la buena salud del género en España.

Y ¿qué va a encontrar aquí el espectador de Priscilla? Aparte 500 trajes extravagantes y 150 pares de zapatos diferentes, 200 pelucas, tocados y sombreros, 250 máscaras personalizadas para cada actor y un autobús robotizado eje de toda la historia... Lo primero que va a encontrar el espectador es una cara conocida. En realidad, mucho más que una cara popular. Después de una amplísima trayectoria escénica que arrancó en esa inagotable cantera de talentos que fue el Centro Andaluz de Teatro (de donde surgieron intérpretes como José Luis García Pérez, Paco León, Cuca Escribano o Alex O'Dogherty), Mariano Peña (Manzanilla, Huelva, 1957) disfrutó de la popularidad gracias a la serie Aída como Mauricio Colmenero, ese facha trasnochado de Esperanza Sur.

Y es indudable que buena parte del público llega atraído por la popularidad del personaje televisivo pero no es menos cierto que la versatilidad del intérprete onubense, su extraordinaria vis cómica, la veteranía sobre las tablas y un reparto en el que encaja a la perfección -donde sobresale la actuación de su pareja de amigos, Jaime Zatarain como Tick y Christian Escuredo como Felicia- acaba por cautivar hasta al espectador más despistado; pues, como confesó en una reciente entrevista radiofónica, ha habido veces que en la primera fila se han sentado personas que han estado con cara de no creérselo durante las dos horas y media que dura la obra. Porque en Priscilla Peña da vida a Bernardette, una experimentada drag, pionera, que sabrá aconsejar a sus compañeros de viaje en sus diatribas: uno haciendo frente a la intolerancia homófoba de la Australia profunda y el otro con un hijo que desconoce que su padre se maquilla por las noches.

Para Llácer, "los tres protagonistas de nuestra historia podrían ser la misma persona en tres momentos distintos de la vida: el joven con esa impertinencia con la que se cree que se va a comer el mundo, el hombre de mediana edad que solo ansía encontrarse consigo mismo y el señor mayor que ya ha entendido las reglas del juego y cuyo único objetivo es estar acompañado y disfrutar de cada minuto como si fuera el último".

Aunque en esta triple personalidad hay diferencias. Y Bernardette representa a esa diva melancólica de los años en los que brilló en los teatros de todo el país sin necesidad de cantar en directo sino en riguroso playback. Es en estos números donde Mariano Peña despliega toda su comicidad protagonizando los números más desternillantes de la obra.

¿Y qué es un espectáculo drag sin música? Nada, claro está. Priscilla, en el que como no podía ser de otra forma se escucha ese himno universal que es I will survive, "recoge los mayores éxitos de la música dance popularizados por Madonna, Tina Turner, Gloria Gaynor, Village People, Donna Summer… Siempre con música y voces en directo", comenta el director Simon Phillips. Es, sin duda, un musical a lo grande gracias a nueve músicos y 24 voces que se encargan de que cada función sea una invitación a la fiesta y donde brillan especialmente la aportación de las tres divas-ángeles (Patricia del Olmo, Aminata Sow y Rosanna Carraro) como guías de la trama para un espectador que saldrá feliz del teatro.

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