El Grinch | Crítica de cine

El duende creado por un amante de la Navidad

Una imagen de la nueva versión de 'El Grinch'. Una imagen de la nueva versión de 'El Grinch'.

Una imagen de la nueva versión de 'El Grinch'.

Theodor Seuss Geisel (1904-1991) fue un muy buen escritor y caricaturista de libros infantiles que ilustraba maravillosamente y llenaba de ingeniosos poemas en broma y juegos de palabras heredados de la tradición británica, especialmente de Lewis Carroll. En 1957 publico Cómo el Grinch robó la Navidad con enorme éxito.

Era una crítica a la excesiva comercialización de la Navidad, representada por este duende verde (cuya fisonomía fue dibujada por el autor) que como un Mr. Scrooge intenta por todos los medios destruir la Navidad. El personaje de Dickens lo hacía aborreciéndola, ignorándola y maltratando a cuantos le rodeaban, haciéndoles imposible o difícil disfrutar de ella.

El interés de Dr. Seuss –que así firmaba Theodor Seuss Geisel sus obras– confluye con Dickens en la crítica al capitalismo voraz. Scrooge representaba el árido afán de acumular riquezas y el pragmatismo sin alma de la era industrial que tanto aborrecía Dickens. El Grinch representa la evolución de ese espíritu en la era consumista que ya no ignora la Navidad, sino que la ha convertido en mercadería y estruendo.

En 1966 el genial animador Chuck Jones –uno de los creadores de las series Looney Tunes y Merrie Melodies de la Warner, padre del Coyote y el Correcaminos– hizo un especial televisivo basado en el libro. En 1992 Ray Messacar dirigió otra versión animada locutada por Walter Mathhau. En 2000 Ron Howard dirigió la primera versión con actores reales, interpretada por Jim Carrey. En 2006 Mel Marvin lo convirtió en un musical estrenado en Broadway.

Y ahora llega esta nueva versión animada dirigida por Yarrow Cheney (director de Mascotas y diseñador de Gru: mi villano favorito) y Scott Mosier. El resultado es divertido, ingenioso y de alta resolución técnica. Es cierto que en la segunda edad de oro de la animación (la primera fue la abierta por Disney y cerrada por Chuck Jones y Tex Avery en Warner) se le exige más a una película.

La sombra exigente de Pixar pesa mucho. Pero ello no resta méritos a esta simpática película que cumple sobrada y honestamente sus objetivos. Y la crítica a la desmesura comercial con que se celebra la Navidad –cada vez más alejada del espíritu cristiano o del sentimental dickensiano– siempre viene bien.

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