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Un encuentro en torno a 'La vida breve'

Programa: Claude Debussy, Sarabande; Carl Reineke, Octeto para vientos op. 216; Gustav Mahler, Adagietto para cuerdas y arpa (Sinfonía núm. 5); Max Reger, Serenade para orquesta en sol mayor op. 95. Orquesta Ciudad de Granada. Director: Ricardo Casero. Fecha y lugar: Auditorio Manuel de Falla, 22 de noviembre de 2013.

Como cada año, con los fríos de noviembre llegan a Granada los Encuentros Manuel de Falla. En su edición número XIX se centran en La vida breve, la primera obra de madurez del genial compositor gaditano, de cuyo estreno se cumplen cien años. Para festejar este aniversario se ha programado un concierto en torno a la música que sonaba en Europa en el momento de su estreno; así, obras de Mahler, Reger, Reineke y Debussy se mezclaron en un programa singular.

El artífice de poner en atriles estas obras fue Ricardo Casero, un director conocido ya por la OCG que proviene del mundo de la interpretación. La velada se inició con una inspirada interpretación de la Sarabande de Claude Debussy, en la orquestación de Maurice Ravel. Esta obra representa el movimiento impresionista que su autor llevó al máximo exponente, y con el que tuvo un estrecho contacto Manuel de Falla durante su estancia en París a comienzos del siglo XX.

Como segunda obra de la primera parte pudimos escuchar una pieza poco frecuente en los programas: el Octeto para vientos op. 216 de Carl Reineke, compositor de la órbita centroeuropea cuya labor docente sirvió como modelo para compositores tales como Albéniz, Grieg, Janacek o el propio Max Reger. El octeto de Reineke, escrito para flauta, oboe, dos trompas, dos fagotes y dos clarinetes, es un claro ejemplo de la bondad del viento puesta al servicio de la música de cámara. El papel predominante de flauta, oboe y clarinetes en el plano melódico se complementa a la perfección con el plano armónico de las trompas y los fagotes. Esta obra, de magnífica factura, sirvió a Ricardo Casero para poner en evidencia la gran calidad interpretativa de los solistas de viento de la OCG, músicos todos ellos de enorme solvencia y excelencia musical. Su ductilidad, su calidad de sonido y su perfecta conjunción hicieron de este octeto en cuatro movimientos un momento mágico.

La segunda parte se centró en la sonoridad de la sección de cuerdas de nuestra orquesta. Se abría con el emotivo y sobrecogedor Adagietto para cuerdas y arpas de Mahler, que bajo la batuta de Ricardo Casero sonó bien empastado y calibrado; el director describió sutilmente los ricos juegos motívicos de la partitura, y supo elevar la tensión expresiva en los momentos de cenit de forma eficaz.

Para cerrar el programa pudimos escuchar la Serenade para orquesta en Sol mayor op. 95 de Max Reger. Nuevamente, las cuerdas cobraron importancia al ser las protagonistas del juego tímbrico que el autor describe en su obra; distribuidas en dos grupos, hace sonar uno de ellos con una sonoridad amortiguada, creando una dinámica diferenciada que pone al servicio de las distintas cédula temáticas. El resto de los efectivos orquestales, bien compensados por el director, ofrecen un contrapunto sonoro muy en la estética postromántica del compositor.

Con la Serenade de Reger se cerró una velada singular, un feliz encuentro con la música de comienzos del siglo XX.

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