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Un festival flamenco con mucho gusto

Varias cosas en común tienen los flamencos que intervinieron en el Festival Flamenco a beneficio de Borderline (asociación de ayuda a los que poseen una inteligencia limitada). En primer lugar, une a este grupo de flamencos su sentido de la solidaridad sin condiciones. Seguidamente, todos los cantaores, excesivamente jóvenes, han sido premiados en La Unión. Manuel Cuevas fue reconocido con la Lámpara Minera el año 2002, Juan Pinilla recibió el mismo galardón en 2007, y recientemente, en este año, Rocío Márquez también goza de esta estatuilla. Por su parte, Sergio Gómez 'El Colorao', lleva varias ediciones trayéndose primeros premios (este año ha sido el de Farrucas). Por último, los hermana el buen hacer y el extremado gusto en sus aportaciones. Ninguna estridencia.

Para abrir boca, la Escuela Flamenca Silvia Lozano hace honor a quien los instruye bailando por fiesta donde predomina la percusión. Juan Pinilla es el primer cantaor que sale al escenario. A la guitarra Alfredo Mesa. Con la voz un poco tomada, comienza por esa caña que, poéticamente, introduce por Chavela Vargas. Continúa haciendo un recorrido por abandolaos de la baja Andalucía, que viene a ser común en su repertorio. A petición del público, apunta media granaína. Y termina con bulerías, que cada vez gusta más ilustrar con alguna pataílla.

Manuel Cuevas, desde Osuna (Sevilla), nos trae aires caracoleros, cantando unas zambras a pie de escenario. Ramón del Paso redondea esta actuación con su guitarra. Después pasará a los tangos, y de estos a las cantiñas. Acabará por fandangos, también sin micrófono, como empezó, derrochando pulmones. Silvia Lozano nos deja en el ecuador sus sempiternas alegrías que pule y repule hasta la perfección. Se las dedicará a su maestro, Mario Maya, al que tanto le debemos. La última Lámpara demuestra claramente lo merecido de este premio. Rocío Márquez se templa con una malagueña de Chacón, que remata con verdiales. A su lado, un delicado Guillermo Guillén, de origen francés, acaricia la sonanta. Con su voz dulce y modulada prosigue con ritmo de bulerías. Los tangos de Granada los remata por Málaga, para terminar dejándonos un poquito por Huelva, su tierra.

Este primer gran festival, por lo moderado, por su sabor, lo culmina un preciso Sergio Gómez. Si en la milonga y en la soleá, con las que comenzó, estuvo grande, en la farruca fue insuperable. Alfredo Mesa se compenetró más con este cantaor que con Pinilla.

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