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El hijo pródigo

Kenny Barron Trio. Fecha: sábado 21 de julio. Lugar: Parque del Majuelo. Aforo: 1.000 personas.

Como no podía ser de otro modo, el cuarto aforo completo de la actual edición del Festival de la Costa, -el cuarto de cinco, todo un éxito en los tiempos que corren- tenía que corresponder al más esperado de los conciertos programados este año, el del queridísimo Kenny Barron, predilecto de la organización y del público. En el ambiente se notaba esa predilección y ese aprecio, y para oficializarlo el Festival tuvo el detalle de entregar un galardón conmemorativo de su vigésimo quinto aniversario al excelso pianista que lo recogió y agradeció ante la ovación general justo antes de sentarse al piano y comenzar su recital. Sin salirse del guión, el pianista ofreció un concierto elegante y refinado que aportó algunos de los momentos más aplaudidos del certamen, siempre manteniéndose dentro de los cánones más arraigados del género. Barron representa como ningún otro el clasicismo del jazz precisamente porque estuvo allí en la época en que se gestaron formalmente sus patrones. Como además posee un talento especial tanto para la interpretación, sutil, delicada, de enorme riqueza armónica y fraseo preciosista, de un inigualable lirismo, como para la composición, sus actuaciones no pueden ser otra cosa que un resumen magistral de jazz clásico, atemporal, eterno. Así logra que se mantengan a la misma altura expresiva los temas propios y las escogidas versiones de los grandes con los que compartió tablas y estudios de grabación. Magníficamente arropado por el contrabajista Kiyoshi Kitigawa y el batería Jonathan Blake, impecables acompañantes del maestro, Kenny Barron fue desgranando con parsimonia los temas de su repertorio y dando con cada uno una lección de las formas del jazz de siempre. Comenzó con dos composiciones propias, And then again, pieza en clave bop que cerraba su álbum Scratch de 1985, y Cooks Bay, jovial melodía con cierto aire de samba perteneciente a Spirit song (Verve, 2000). Con idéntico nivel de excelencia continuó con las lecturas de Shuffle boil del gran Thelonious Monk, el clásico Be bop de su amigo Dizzy Gillespie, o el inmortal My funny Valentine, entre las que insertó su homenaje a la actriz brasileña Sonia Braga, a la que dedicó una hermosa balada a ritmo de bossa que detuvo el tiempo en el recinto de Almuñécar. Con Calypso, otra pieza original, interpretada en el consabido bis, Kenny Barron se despidió de sus muchos incondicionales hasta su próxima visita. Podrán pasar, si el tiempo y al autoridad recaudadora lo permiten, otros veinticinco años y difícil será que el Festival encuentre otro artista al que mostrar más cariño, pues por todos es considerado el hijo pródigo del certamen.

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