ilusionismo

La magia que resiste a la tecnología

  • El mago madrileño Miguel Ángel Gea actúa en la Corrala de Santiago con motivo de su ciclo de ilusionismo

  • El artista asegura que la disciplina está viviendo un "buen momento" en España

El ilusionista Miguel Ángel Gea trae su espectáculo de magia a Granada el fin de semana. El ilusionista Miguel Ángel Gea trae su espectáculo de magia a Granada el fin de semana.

El ilusionista Miguel Ángel Gea trae su espectáculo de magia a Granada el fin de semana. / g. h.

Miguel Ángel Gea (Madrid, 1975) siempre se interesó por la realidad exterior. Primero trató de inmortalizarla con su cámara cuando estudiaba fotografía. Finalmente, fue la magia la que se cruzó en su camino y ahora se dedica a recorrer España, y parte del extranjero, engañando a su público con su magia de cerca. Dentro de ese recorrido, Gea actúa hoy -y mañana- a las 22:30 en la Corrala de Santiago, que este mes reúne a importantes ilusionistas gracias al programa #sentirgranada.

Aunque su carrera como fotógrafo está ya más que olvidada, en Gea todavía pervive ese amor por el audiovisual, de ahí que no paren de aflorar en él ejemplos del séptimo arte durante la entrevista. De esta forma, considera que la magia, al igual que el cine, es una "forma de evadir la realidad" y que ambas formas de arte -Gea es un firme defensor de la magia como una categoría más del arte- responde a la necesidad del ser humano de "vivir ficciones paralelas y alimentar nuestro espíritu".

Para Gea es necesario que el mago aporte la calidez humana que no ofrecen los ordenadores

Por ese mismo motivo, el madrileño se muestra convencido sobre el futuro de su profesión y asegura que "estamos en una época de tránsito y no sé cómo será la próxima generación, pero observar a alguien en directo cómo te transforma cartas o cómo te manipula los objetos sigue siendo fuerte y potente".

Gea tiene todavía otro as en la manga para defender la pervivencia de la magia en la sociedad y afirma que "cuando surgió la fotografía la pintura tuvo que ponerse las pilas y empezar a expresarse con otras formas". En este sentido, el madrileño cree que el ilusionismo debe evolucionar y ofrecer "una experiencia más allá del efecto especial" del cine. Para él, es necesario que el profesional "cuente una historia, genere algo en el espectador", en definitiva, que aporte la calidez humana que no pueden ofrecer los ordenadores.

El futuro de la magia está también asegurado por el buen momento que esta disciplina tiene en nuestro país. "Se está viviendo un gran momento de la magia, aunque la gente no se entere o no lo sepa, estamos en un buen momento", recalca el ilusionista madrileño, quien pone como ejemplo el Magic Castle de Los Ángeles, un centro de magia que reserva una semana entera de su programación a España, el único país que cuenta con ese privilegio, según explica.

Al ejemplo del madrileño se podrían añadir otros muchos, como el de Luis Piedrahita, quien el pasado año ganó el premio de la Academia de las Artes mágicas de Hollywood, que también han recibido otros profesionales como David Copperfield, o el Mago Pop, quien llegó a impresionar con su magia a Stephen Hawking.

Pero encima de todos ellos destaca un nombre propio, el de Juan Tamariz. Gea se deshace en elogios hacia el ilusionista, al que considera como uno de sus primeros maestros y que "renovó la magia de los años 80 con una nueva estética".

Para Gea es normal que este "mago de magos", como califica a Tamariz, ganase la Medalla de Oro al Mérito en las Bellas Artes en 2011, porque en él se dan "tanto valores estéticos como artísticos". Además que considera este pequeño hecho como un enorme paso hacia la misión de convertir la magia en la decimocuarta arte.

La sombra de Tamariz es alargada y se proyecta sobre Miguel Ángel Gea, quien asegura haber aprendido muchísimo del ilusionista. Quizá una de las mejores muestras de la influencia de Tamariz sea aquella frase suya que afirma que "la magia no tiene trucos, por la razón de que todos sabemos que sí que los tiene". Gea sabe que la magia no engaña a nadie y que todos sabemos que es falsa pero, y vuelve a salir su amor hacia el audiovisual, "también sabemos que es mentira cuando vamos a ver una película y alguien muere".

El madrileño ve su profesión como un duro trabajo, en la que se aprende cómo engañar al cerebro del espectador para que crea lo que el mago quiere que crea. Por eso, para él, en la magia tampoco hay truco, y si lo hay, está en los espectadores.

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