Crítica de Cine cine

Los malos guionistas

Amenábar abría la caja de Pandora de ese cine trilero revestido de fórmula de género y correcta factura en el cine español de las últimas dos décadas, un cine que crece y se expande gracias al alimento financiero televisivo y al aplauso de un público que, por lo visto, sigue encantado de dejarse engatusar con los mismos viejos trucos de siempre.

Primera película dirigida por el guionista Sergio G. Sánchez, responsable del libreto de alguno de los éxitos más sonados de ese modelo industrial (El orfanato, Fin, Lo imposible), El secreto de Marrowbone nace con una clara vocación de producto internacional, encapsulada en su molde de género (terror y misterio), protagonizada por un elenco anglosajón y ambientada en una Norteamérica rural de ciertos aromas góticos.

El debut como director de Sergio G. Sánchez nace con vocación internacional

Allí, de nuevo en un caserón aislado, transcurre esta historia de familia perseguida, jóvenes abandonados, secretos (pronto revelados), espejos tapados y fantasmas (freudianos), una historia mecánicamente dosificada por las (malas) artes del guionista y filmada con cierta pericia y algunas citas cinéfilas (La noche del cazador) al servicio de sus propias, confortables y previsibles dinámicas de género.

Sánchez sigue imponiendo su faceta de escritor tramposo (ya verán, ya) a unos materiales demasiado obvios y esquemáticos a los que nunca pueden sostener con suficiente fuerza sus propios personajes y unas soluciones de puesta en escena no precisamente originales. El resto, ya saben: cuidada fotografía y efectiva música.

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