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Dos miradas para fundir el barro

  • 'Entre orillas, dos mundos y una mirada' es la exposición de cerámica de las artistas Esperanza Romero y Samia Achour que se puede visitar en la sala Gran Capitán

Dos miradas para fundir el barro Dos miradas para fundir el barro

Dos miradas para fundir el barro

La sensualidad de los espacios en continuo giro, de los huecos susceptibles de ser percibidos desde varias miradas. El blanco como sintetizador de una línea de investigación en torno a una misma materia y las formas -siempre las formas- en la mirilla de una artista plástica tan versátil como la historia de sus creaciones. Esperanza Romero se une esta vez con la tunecina Samia Achour en una muestra que aglutina 50 piezas cerámicas en continuo filtreo con volúmenes y equilibrios.

El blanco reina en esta panorámica investigativa, territorio que deja espacio para algunas obras turquesas y negras, que complementan la vista general de un espacio en movimiento. Al entrar en la sala de Gran Capitán el visitante siente un golpe de tranquilidad. La mayor parte de la obra es blanca y sinuosa. Brillante, curvilínea y luminosa.

Romero se centra en que las piezas tengan más de una postura, que puedan rotar

La exposición se fragua desde hace dos años, y su título, Entre orillas, dos mundos y una mirada, responde a la intención artística de las dos mujeres que la han compuesto. Dos universos que se vuelcan en la cerámica y dos miradas sobre el material, sendas investigaciones sobre un mismo cuerpo.

La cerámica llevada a un terreno conceptual que parte de la vía de investigación en torno al volumen. Achour solamente aporta 13 piezas y el resto de la muestra es obra de Esperanza Romero.

La sumersión de Romero en el mundo sensual de las dimensiones se centra en "piezas que tengan más de una postura, sin una base y que puedan rotar". Para que quiera que las acoja pueda jugar con ellas y cambiarles la visión moviéndolas. Está interesada en los espacios que las obras ocupan y que son huecas. La mirada que atraviesa la pieza.

Los ojos de Esperanza se posan en la figura de abstracción que luego moldea en ese mismo campo y la "hace casi irreconocible". Muchas de ellas hablan de situaciones humanas y trabajan con moldes, ya que les gusta que el molde no sea la pieza final sino que sea como un elemento que se multiplica y que crea uno más fuerte y con otra estabilidad.

Romero lleva más de 40 años trabajando y, durante esas décadas de cambios, la obra de la melillense criada en Málaga y afincada desde hace décadas en Granada ha cambiado junto a sus manos. "Antes creaba unas piezas muy funkies, con muchos colores vivos; hubo otra etapa en la que estuve dibujando sobre las piezas, porque yo tengo una fuerte raíz del dibujo, pero finalmente el volumen me enganchó". Luego llegó una depuración, basada en el objeto cotidiano "pero llevado más allá".

La nueva camada de piezas tienen mucho que ver con las que ella hacía hace 25 años. Solo que ahora gozan de otra visión: más depuradas y tranquilas porque no tienen ningún tipo de decoración. "Son ellas mismas las que te evocan, son muy táctiles, se deben tocar". Un ejemplo: Pachamama, que tiene seis módulos que se elevan, tiene imperfecciones y trae a la mente la idea de que la sociedad tiene muchos tipos de humanos, y todos ellos tienen características dispares.

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