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Y la noche se hizo poesía

DESCONCIERTO

Programa: Música de Enrique Granados, Isaac Albéniz, Federico García Lorca, Joaquín Turina y Manuel de Falla, con poemas de Luis García Montero. Intérpretes: Rosa Torres-Pardo (piano), Rocío Márquez (cante) y Luis García Montero (recitador). Lugar y fecha: Patio Arrayanes, 29 junio 2016. Aforo: Lleno.

Desconcierto es lo que no existe en ningún mapa. En palabras de Ugo Fellone: "cuando la poesía, el canto y el piano se unen, en un primer momento lo único que reina es el desconcierto, esa necesidad de ponerse de acuerdo, de buscar un sentido antes de que llegue el concierto propiamente dicho". Con estas palabras se define la esencia de la velada que la pianista Rosa Torres-Pardo, la cantaora Rocío Márquez y el poeta Luis García Montero ofrecieron en las noches del Festival de Granada. Un entorno mágico, el Patio de los Arrayanes, vibró una vez más con un singular repertorio que mezcla música, cante y palabra.

El programa se organizó en tres secciones. La primera de ellas, Goyescas, fue un obligado homenaje a Enrique Granados en el centenario de su muerte. Las palabras de Luis García Montero abrían la noche con el poema "Sabe el mundo vivir en unas manos", a la que siguió al piano La maja y el ruiseñor, en una romántica y apasionada interpretación de Rosa Torres-Pardo. Sus manos, que tantas veces han recorrido el teclado para tocar las Goyescas de Granados, y que recientemente ha grabado para Deutsche, tradujeron en poesía sonora otras piezas del compositor. Su maestría al teclado es sólo equiparable con su hondo sentir de la música española, y lo demostró ya en su faceta solista ya acompañada de la voz recitada o cantada. Aprovechando esta pasión y profundo conocimiento del repertorio español, la interpretación se fusionó con la bella y natural voz de Rocío Márquez, que cantó dentro de esta primera parte varias coplas de inspiración en Goyescas, como La maja de Goya y El majo tímido.

La segunda sección, la más amplia de ellas, recibió el nombre de Lorquiana, de Albéniz a Falla. En ella se recuperaron algunas de las armonizaciones que el poeta granadino realizó sobre el folclore andaluz. Iniciada nuevamente con las letras de García Montero, las del poema Las palmeras navegan y nadan en el viento sobre las dulces notas de Tango de Isaac Albéniz, en una preciosa interpretación de Rosa Torres-Pardo; su versión sonó marcada pero a la vez de un profundo sentido melódico, unida al suave ronroneo de la voz de Rocío Márquez. Ambas artistas interpretaron de las canciones populares de Lorca la Canción sefardí, El vito, Zorongo y Gitano, cerrando el ciclo con la Jota de Albéniz.

Nuevamente García Montero recitó sobre el suave colchón que le proporcionaba el piano; esta vez fue el poema Huerta de San Vicente, de evidente inspiración lorquiana, que se hizo canto sobre La tarara de Albéniz.

La cantaora/cantante Rocío Márquez, a caballo entre lo flamenco y lo lírico, dio toda una lección de interpretación, despertando el agrado y expectación de todos los presentes; su honda voz se adapta la perfección a este repertorio, que sin ser excesivamente complejo requiere, sin embargo, de una capacidad expresiva que no siempre se encuentra en las cantantes líricas.

Particularmente sobrecogedora fueron sus versiones de Tres hojitas o de la Nana de Manuel de Falla, perteneciente a sus Siete canciones españolas.

La última sección del programa, El amor brujo: de Falla a Turina, se inició nuevamente con un poema de Luis García Montero, Fandango, que sirvió de hilo conductor para enlazar con los fragmentos que de El amor brujo de Falla se interpretaron: solo al piano la Introducción y la Danza del fuego fatuo, y acompañada con la ahora llena de duende voz de la Márquez la Canción del amor dolido y la Canción del fuego fatuo. Para concluir, García Montero recitó El dogmatismo es la prosa de las ideas, preludio de los Cantares de Joaquín Turina. Una propuesta diferente, otra forma de disfrutar de un repertorio conocido, muestra de un nacionalismo musical revisado de finales del siglo XIX y comienzos del XX, ahora actualizado con las palabras de un poeta contemporáneo.

El resultado fue calurosamente acogido por el público asistente, que aplaudió con profusión a los tres artistas, quienes dieron como propina el tango Volver de Carlos Gardel en una versión "españolizada" con un piano saltarín y danzón, la aflamencada voz de Rocío Márquez y el cameo de Luis García Montero.

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