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A orillas del Danubio

  • El polaco Andrzej Kusniewicz se sirve de una narración arborescente y, junto al relato de la suerte de Emil R., crece el relato del final de una época

A pesar del título, El rey de las Dos Sicilias no se baña en las veneradas aguas del Mediterráneo, sino en las no menos venerables del Danubio, cuando en las tierras que hiende el río expiraba la más refinada edad que vieron los siglos, o así la vivieron sus protagonistas, justo en el momento en que el asesinato de Su Alteza Imperial y Real el archiduque heredero Francisco Fernando, en Sarajevo, mandaba a pique el primoroso navío austro-húngaro. El rey de las Dos Sicilias es el nombre que recibe el 12º regimiento de ulanos, así llamado en honor al primer padrino de esta unidad, Fernando II, penúltimo soberano de Nápoles y Palermo, Siracusa y Taormina. Los oficiales del Rey de las Dos Sicilias -cuyos blancos guantes enfundados por la mañana seguirán inmaculados por la noche- son hijos de la mejor sociedad vienesa, amantes de la pintura y de la ópera, buenos conocedores de Bach o Chopin, exquisitos en sus modales, aunque alguna vez pueda írseles la mano con una ramera.

El protagonista de la novela, el subteniente Emil R., pertenece a este regimiento y a esta sociedad tuberculosa y selecta. Es un joven delicado, de una sensibilidad anémica, que no ha conocido privación alguna en su vida y que actúa con la misma indolencia de las alimañas ahítas: sin piedad y por el placer de quien ha convertido el derrumbamiento en una de las Bellas Artes. Emil crece obsesionado por su hermana mayor, Elizabeth; sin duda, la figura más perversa del dramatis personae. En un primer momento, Emil intenta desembarazarse de este molesto apetito incestuoso a través del arte; la literatura tal vez pudiera servir: "Si por ejemplo tuviera la intención de estrangular a Desdémona, primero escribiría Otelo, me descargaría indirectamente, y quizás me tranquilizaría", piensa. Pero la sangre derramada en el papel no es suficiente, y entonces decide acabar con Elizabeth in effigie; o sea, en la persona, del todo fortuita, de una gitanilla que suele coquetear con los oficiales.

El asesinato de la chiquilla es una pequeña atrocidad sin importancia en esa encrucijada en que, a raíz del magnicidio de Sarajevo, los ejércitos de media Europa se están engalanando en honor del dios Marte. ¿Quién dijo eso de que, en la Guerra del 14, los soldados partieron vistiendo sus mejores perifollos y regresaron cubiertos de barro? La contienda, iniciada en verano, no debería haber ido más allá del invierno según las previsiones más halagüeñas: "si la guerra de 1859 duró sólo dos meses, y la de 1866 no mucho más, la de ahora, si es que estalla, con la artillería actual, las metralletas, etcétera, incluso dirigibles y aeroplanos capaces de entrar en acción, es imposible que dure más; al contrario, mucho menos. ¿Quién podría soportar tal horror?", escribe Emil, haciéndose eco de una opinión general. No obstante, si avivar el fuego es relativamente fácil, apagar el incendio no lo es en absoluto. La guerra duró cuatro años y dejó diez millones de muertos en los campos de batalla.

La Historia con mayúscula y las historias minúsculas se entremezclan y confunden. El polaco Andrzej Kusniewicz se sirve de una narración arborescente y, junto al relato de la suerte de Emil R., crece el relato del final de una época, además del relato de la cotidianeidad de entonces, en las tierras besadas por el Danubio.

El rey de las Dos Sicilias se extiende sin cesar, en todas direcciones. El narrador convoca a meros comparsas y acciones secundarias en un denodado intento de que la vida toda quepa en la novela. Una empresa temeraria donde las haya (En una novela debe entrar vida, no toda la vida). De tan admirable tapiz, me quedo con las bondades pictóricas de la prosa de Andrzej Kusniewicz. Le basta un adjetivo para dar unos brochazos de una viveza y un colorido singulares. Kusniewicz sabe ver y hacer ver.

Andrzej Kusniewicz. Anagrama Barcelona, 2009

Leonardo Sciascia Tusquets Barcelona, 2008

Vitaliano Brancati Lumen Barcelona, 2009

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