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Cuando el pasado no pesa si no aúpa

  • Dani Martín regresó anoche a Granada con su gira 'Grandes éxitos y pequeños desastres' con el que a base de nostalgia conquistó a un Palacio de Deportes entregado al madrileño

El cantante y compositor hizo gala de su acostumbrado buen humor y empatía con los suyos. El cantante y compositor hizo gala de su acostumbrado buen humor y empatía con los suyos.

El cantante y compositor hizo gala de su acostumbrado buen humor y empatía con los suyos. / reportaje gráfico: alba puga.

A Dani Martín se le esperaba en Granada desde hace varios días cuando unas tiendas de campaña proyectaban su sombra desde la mañana. Dentro, la estampa regulada en el manual del fan: provisiones, camisetas, pinturas para la cara para cuando llegue el día D y sobre todo mucha histeria compartida. Los fans granadinos de Dani Martín deseaban su regreso desde el pasado abril, la última vez que el madrileño pisó estas tierras.

El Palacio de Deportes era territorio fan desde las primeras horas de la tarde y el bullicio emocionado la única manera de entender las horas previas a la llegada del músico, que esta vez lo hace tirando de nostalgia. Con su gira Grandes éxitos y pequeños desastres repasó las canciones que le han convertido en uno de los bastiones del pop nacional. Ha sabido a base de evoluciones darwinianas adaptarse a cada momento y fase musical, depurando su estilo sin perderlo de vista, pero madurando. Aunque eso sí, anoche troceó parte de su fama de hombre templado al sacar al escenario a su animador particular, un hombre vestido de pollo.

Para calentar el ambiente del Palacio salió a escena un hombre vestido de pollo

Aquel loco de las paletas separadas que forcejeaba enfundado en una camisa de fuerza allá por los dos miles cumple mayoría de edad en los escenarios. Dieciocho temporadas en las que ha vivido cambios de todo tipo, desde ser líder de una banda pop rock adolescente a ser un solista de éxito que coquetea con su público en canciones de mensaje directo y sencillo.

El que cantara Volverá demostró anoche que se ha ganado eso de pertenecer a la crema de la popularidad de las cadenas generalistas. Pero Dani Martín tiene ángel y anoche supo explotar todas sus facetas. Con canciones como Volver a disfrutar recordó a aquel veinteañero que mordía en cada estribillo; al disconforme y tangencial con Zapatillas hasta al más Dani más tierno con temas icono más recientes como Cero o Qué bonita la vida.

Con su tema Dieciocho, la última de sus canciones que ha visto la luz y que se introdujo de lleno en los primeros puestos de ventas y con ella también guiñó anoche a sus fieles y se guiñó a sí mismo. A su época en El Canto del Loco, aquella con la que también se reconcilió anoche cuando recuperó algunas de sus canciones. Aunque en el concierto de anoche hubo para todos, desde Que se mueran de envidia, Contigo, Mi lamento hasta Las ganas o Besos.

Eso sí de las introversiones típicas de los cantautores nada. Martín, aunque melancólico y sentido en según que momentos, nunca traspasa el límite de la impostura: él es un hombre cercano, amable y sobre todo con una enorme capacidad de establecer feelings con su público, el que anoche casi traspasa su propia piel para llegar a la del cantante.

Pasaban las horas en el Palacio de Deportes y golpe a golpe, tema a tema hasta llegar a la veintena saltaba la certeza de que a este hombre de 41 años su carrera le ha valido la pena. Mayoría de edad artística y puede presumir de que cualquiera que camine en España es capaz de cantar al menos 15 de sus canciones. A Dani Martín el pasado no le pesa, le aúpa.

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