Pablo García baena. Poeta

"La poesía es la más lagarta de las musas, no tiene nada de inocente"

  • El escritor cordobés, que recoge el sábado el Premio Lorca de Poesía, afirma que Granada no tiene responsabilidad en la muerte de su poeta "No culpemos a la ciudad de cosas horrendas", afirma.

Pablo García Baena (Córdoba, 1921) llegó ayer a Granada para participar en los actos previos a la entrega del Premio Lorca de Poesía que se enmarcan dentro del Festival Internacional de Poesía (FIP). Con más de 90 años se permite corregir a la Wikipedia para, al contrario que hacen las folclóricas, echarse dos años más encima. Es también el único Premio Príncipe de Asturias que confiesa sin tapujos que ha leído El Código Da Vinci o la saga de Harry Potter. Y lo que es más demoledor para los puristas de las letras, lo ha hecho con gusto aunque reconoce que no es El Quijote. Cernuda, San Juan de la Cruz y Góngora sí forman parte de su devocionario personal junto al poeta de Fuente Vaqueros, al que une una vez más su nombre tras recibir en 2005 el Pozo de Plata en la casa natal del autor de Romancero gitano.

-Su biografía recuerda a la de Rafael Guillén, poetas que viven de otras profesiones al margen de la literatura. ¿Trabajar como anticuario le ha permitido no acabar devorado por la poesía y sus veleidades?

-Me alegra mucho que de alguna manera me compare con Rafael Guillén, un poeta al que admiro y quiero mucho. Es verdad, en realidad somos una especie rara, unos poetas que crecen al borde la poesía oficial. Los dos hemos crecido a pesar de todo, a pesar de los obstáculos, a veces puestos intencionadamente, y otras veces porque la vida nos ha ido zarandeando de un lado para otro. Al final, lo que es poesía se conoce siempre.

-¿Ser poeta a tiempo completo acaba distanciando al escritor de la poesía?

-Yo nunca me he sentido un verdadero escritor, yo soy un poeta esporádico que cuando sopla el viento de la poesía escribe y hace libros. Pero luego puedo permanecer unos cuantos años sin publicar nada y no tengo ningún problema.

-Concretamente 20 años se ha llegado a escribir en algún medio...

-A veces los periodistas exageran un poco y tienden a redondear. En realidad, todos mis años en Málaga, en la Costa del Sol, fueron vitales para mí porque me fueron nutriendo para poder escribir una serie de cosas, sobre todo porque lo importante es la vida y la poesía es lo que viene luego, lo que viene a coronarla. En mi caso, con esa cosa tan anticuada de que la musa sopla al oído y tú lo escribes.

-Ahora está de moda decir que las musas te tienen que pillar trabajando...

-Creo que fue Juan Ramón quien dijo eso de que cuando llegue la musa que te pille escribiendo. Pero yo no soy un poeta de despacho ni de escribir a diario, la musa viene, me tira de la blusa y me dice ponte a escribir. Yo no creo en la poesía que se basa sólo en el trabajo, primero tiene que venir el soplo y después hay que trabajar sobre eso.

-Luis Antonio de Villena habla de usted como el "poeta puro". ¿Está de acuerdo o prefiere verse algo más impuro?

-Villena es tan amigo que puede decir lo que quiera, luego le podemos creer o no. Yo me considero un poeta raro, alguien que vive al margen de la vida poética oficial, asistir a actos... Pero tengo que hacerlo aunque no me gusta demasiado porque, además, los poetas se invisten de una autoridad cuando le llegan los honores que no va conmigo. Con este premio Lorca lo único que puedo hacer es agradecerlo, pero sin sentirme como un personaje de las letras porque eso ya da un poco de risa.

-Recibió el Príncipe de Asturias en 1984, hace casi 30 años. ¿Ha sido la mejor vacuna contra la vanidad?

-Alguien por ahí dijo que había recibido este premio recientemente. Vino muy bien este premio porque me hizo volver a la poesía. En el ambiente asfixiante de la posguerra no sólo era la penuria y el hambre, también estaba el peso de lo castellano en el sentido de enjuto, tieso, y para un andaluz la poesía es el frescor del agua, algo que sabía muy bien un castellano como San Juan de la Cruz.

-Hablaba antes de su aversión a la 'poesía oficial' aunque durante más de diez años dirigió el Centro Andaluz de las Letras (CAL). ¿Lo vivió como una tortura o consiguió estar al margen de presiones políticas y editoriales?

-Recuerdo los primeros años cuando junto a Pepe Martín íbamos de ciudad en ciudad explicando el proyecto, algo que me recordaba a los zíngaros. Fueron años bonitos y debo reconocer que los políticos nunca me presionaron, fueron unos años muy bonitos y una labor inmensa que todavía hoy se sigue realizando.

-Recibe el sábado el Premio Lorca de Poesía pero, de estar instaurado, ¿ganar un hipotético premio Cernuda sería la conjunción perfecta entre su obra y el nombre del premio?

-Si yo no hubiese descubierto a Lorca con 14 años seguramente no hubiese sido poeta, Federico es el deslumbramiento, con ese mundo tan mágico. Se nota cuando la poesía es vida, y eso fue lo que me atrajo de Lorca. Luis Cernuda es otra cosa, es la mesura. Pero el empujón de Lorca no me lo dio Cernuda, al que por cierto tendríamos que empezar a llamarla don Luis, como a Góngora. Si algún mérito tenemos los poetas de Cántico es intentar abrir España a la poesía de Cernuda, un poeta al que aquí se trataba de olvidar por todos los medios.

-Ha dicho en alguna ocasión que Córdoba es muy severa con sus hijos, algo que se le suele achacar también a Granada cuando se habla de que esta ciudad asesinó a su poeta. ¿Es justo este estigma?

-En mi caso esta ciudad se ha extralimitado conmigo para bien. Pero no culpemos a la ciudad de cosas horrendas como el asesinato de Federico, las ciudades están limpias a pesar de El crimen fue en Granada de Alberti. Lo mismo pasó en otras ciudades, quizás con personas menos relevantes, pero la sangre era igual. Es como decir que Jerusalén mató a Cristo...

-Pero los judíos llevan 2.000 años estigmatizados por esto...

-A Cristo lo mataron los poderes establecidos, que son los que matan al profeta y al escritor.

-Ha mencionado a Góngora, otro escritor con un lugar destacado en su altar literario. Sin embargo, ¿la España de hoy en día tiene más que ver con 'El buscón' de Quevedo?

-Don Luis vivió también a trancas y barrancas, pendiente de la nobleza y de los validos del rey, esperando siempre que le dieran algo. Es horrible que una persona tan admirable tuviera que llevar una vida de pedigüeño.

-¿Vuelve con asiduidad a los parajes de la sierra de Córdoba que protagonizan buena parte de su obra en la etapa de Cántico o al lugar donde se ha sido feliz no se debe tratar de volver?

-Voy de cuando en cuando, precisamente hace muy poco estuve por esos parajes, el Arroyo del Bejarano, la Fuente del Elefante... Son los paisajes de mi niñez que luego revisité con mis amigos de Cántico. Somos poetas agrestes, somos de ciudad pero hay algo serrano en nosotros, hablo de esos bosques de castaños...

-¿Ve demasiado hormigón en la poesía actual?

-Sí, parece que han nacido todos en Massachusetts

-¿Cierto tipo de modernidad se basa en denostar tradiciones como la Semana Santa?

-Hay gente cuya máxima aspiración es parecer un poeta moderno, pero a mí nunca me ha importado hacer todos los cánticos que me han parecido a la virgen o a cualquier santo, y siempre unido a la tradición andaluza de ver los santos como algo parecido a la poesía.

-Pero no le ha faltado el reconocimiento expreso de los Novísimos, quienes le consideran como uno de sus grandes referentes...

-Indudablemente. En un primer momento se comentó que la religiosidad de Cántico era una cosa impostada, que era una manera de estar en un mundo en el que la Iglesia era bastante ordenancista y terrible. Pero no es así, el mismo Guillermo Carnero, la primera voz que alertó de una poesía que estaba ahí muriéndose, dudó en un principio pero después se dio cuenta de que Cántico unía la sensualidad del paganismo con Santa Teresa y San Juan de la Cruz.

-Es curioso porque Luis Eduardo Aute, que lleva toda su vida escribiendo canciones sensuales y hasta subidas de tono, confiesa ahora que sus letras no son sino un canto de amor a Dios en la línea del misticismo de San Juan de la Cruz...

-Claro, la carne la puso Dios para que la disfrutemos, no hay que asustarse por eso.

-Hay canciones con un punto obsceno en que si se cambia el nombre de la chica en cuestión por el de Dios resulta casi una oración de beatos.

-Las liras de La noche oscura no son otra cosa que el canto desesperado de un enamorado, aunque no dudo que el objeto del amor es Dios. Con San Juan de la Cruz se ha intentado, como suele pasar, decir otras cosas de las que quiso en verdad decir el poeta.

-¿Cómo influyó en su ánimo cambiar Córdoba por la Costa del Sol en la época en la que las extranjeras hacían de su sostén un sayo en la pacata sociedad de los sesenta?

-Fue como el que pasa de un noviciado o un cuartel a un isla espléndida en la que, entre comillas, está permitido casi todo. Málaga era en ese momento, como dijo Aleixandre, la ciudad del paraíso.

-En la Wikipedia sigue apareciendo que nació usted en 1923 aunque ya aclaró que lo hizo dos años antes, en 1921. ¿Echarse años es una coquetería al revés?

-Estuve callando muchos años porque todo viene de una primera antología en la que la fecha aparecía equivocada, pero éramos jóvenes y no nos hubiese importado corregir el error, al contrario de otros escritores que mantienen la confusión hasta el último momento. En el fondo nos halagaba que nos quitaran años, pero me parecía tan tonto que advertí en su momento que había nacido en el 21. De hecho, en la casa en la que nací en Córdoba iban a poner una placa y el artista iba a poner en ella que había nacido en el 23. Un error sobre papel vale, pero sobre el mármol es mucho error.

-Para escándalo de los puristas de la literatura usted reconoce que ha leído 'El código Da Vinci'. ¿Es un acto supremo de valentía literaria que un Príncipe de Asturias reconozca que lee a Dan Brown?

-También he leído la saga de Harry Potter porque intento estar al día de todo lo que se escribe. Hay que reconocer que El Código Da Vinci no es El Quijote, pero es entretenido. Yo leía todo lo que caía en manos desde niño, también mucha novela policíaca. Cuando un chico joven me pide que le aconseje qué leer, aparte de los clásicos, también recomiendo ver qué se está escribiendo, a veces para tirar el libro a la basura, porque estamos de templarios hasta arriba...

-¿Qué novelas le han marcado como poeta?

-El Rojo y negro de Stendhal, un libro que leí de joven, igual que Anna Karenina, Dostoyevsky, Balzac... Y sobre todo Galdós, que era un mago, parece mentira que haya gente que todavía le sigue llamando garbancero porque no se dan cuenta de que la garbancera es España, no Galdós. También leo a Ortega y Gasset, soy un hombre atrasado.

-Es un hombre comprometido pero nunca ha militado bajo unas siglas. ¿Huye de los rediles?

-Yo soy un poco marmolillo, mis ideales están en mi obra, en mi órbita. Ahí está Pablo tal y como es, nunca me he escondido.

-Por último, en alguna ocasión ha dicho que la poesía, con la edad, se va desnudando. ¿Qué prenda le queda por quitar a sus versos con 90 años?

-Con 90 años hay que vestirla, ver a un anciano desnudo es como ver la canina en las procesiones de Sevilla. Que se desnude la juventud, la poesía joven. Siempre he dicho que la poesía ama a los jóvenes, la poesía necesita de sus adornos, creo que la poesía es la más lagarta de las musas, no tiene nada de inocente.

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