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La primera en la frente

Thriller, España, 2014, 107 min. Dirección: Manuel Gómez Pereira. Intérpretes: Paz Vega, Juan Diego Botto, Alberto San Juan.

Esperábamos a Godard y nos han traído a Gómez Pereira. La primera en la frente. Y esta decepción sólo es culpa nuestra, porque a estas alturas deberíamos saber ya de sobra que el SEFF, como muchos otros festivales de su estirpe, elige siempre para su inauguración películas que poco tienen que ver con el tono "autorial, joven, valiente y ecléctico" del que alardea su programación y sí mucho con los viejos asuntos del photocall, la alfombra roja, salir 30 segundos en los telediarios del sábado y demás peajes para contentar a los invitados, a las autoridades o a los patrocinadores que acuden a la gala del Lope de Vega a dejarse ver entre famosos y famosetes.

Pero tal y como anda el patio, hubiera sido temerario no darle cuartelillo y focos a Paz Vega, Antonio Pérez y Gerardo Herrero, musa y avalistas del certamen europeo desde hace ya una década, más aun con una película rodada en la ciudad que responde al modelo de producción film commission que tanto gusta a los políticos de turno.

Al margen de estos detalles sin importancia, La ignorancia de la sangre se sube al carro del cine de género de factura industrial basado en novela policíaca de éxito (Richard Wilson), con intriga criminal a ambos lados del Estrecho, paisajes sevillanos para amantes del detalle e interiores de diseño, recuperando al director de Desafinado para un formato que parece haber encontrado a su público en tiempos de crisis.

Pero Gómez no es Urbizu, tampoco Monzón o Rodríguez, y su trama desdoblada y farragosa carece del más mínimo brío, intensidad y credibilidad que nos hagan acompañar con algo de interés o sentido del suspense al atribulado Botto y a la dolorosa Vega en su descenso a los infiernos de la extorsión de las mafias rusas, el amor maduro (con sonrojante polvo justo antes del desenlace) y demás tópicos que aparecen aquí vaciados de sustancia, sepultados en cansinos diálogos explicativos y ahogados por una banda sonora que intenta disimular unos evidentes síntomas de rigor mortis.

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