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Un salto a la Luna

  • El 20 de julio de 1969, tras cuatro días de viaje, el astronauta Neil Armstrong abandonó el módulo lunar 'Eagle' para pisar por primera vez el satélite

"¡Qué vista más bella!", dijo. A través del casco oyó cómo su compañero le replicaba: "¿Verdad que sí? ¡Es un magnífico paisaje!". Él le espetó entonces: "Es una magnífica desolación".

La conversación no tenía lugar en una playa del Caribe ni ninguna montaña nevada. Se producía sobre la superficie de la Luna justo en el momento en el que Buzz Aldrin, el segundo hombre en pisar el satélite, acababa de descender del módulo lunar y poner el pie en el suelo. Quince minutos antes lo había hecho su compañero, el comandante de la misión, Neil Armstrong. Ahora, aquel 20 de julio de 1969, Armstrong y Aldrin eran los hombres que más lejos estaban de la Tierra, también los dos primeros en dar el gran salto a la Luna. Han pasado cuarenta años y el sueño de muchos de aquellos astronautas es volver.

La llegada del hombre a la Luna fue un acontecimiento que conmocionó al mundo. En España eran casi las cuatro de la madrugada, pero cientos de miles de ciudadanos estaban despiertos, con los ojos pegados a la pantalla de la televisión en blanco y negro y los oídos atentos a lo que decía el corresponsal de TVE en Estados Unidos, Jesús Hermida, que fue quien tradujo las primeras palabras de Neil Armstrong al posar su pie en el suelo: "Es un pequeño paso para un hombre, pero un gigantesco salto para la Humanidad".

Aquel día culminaba una carrera espacial llevada a toda velocidad desde que en 1961 el presidente Kennedy anunciara que veía a los Estados Unidos en disposición de llevar un hombre a la Luna y regresarlo sano y salvo a la Tierra antes de que concluyera la década. También comenzaba una aventura fascinante: la de conocer el satélite de la Tierra. En los cuatro años siguientes, otros diez hombres como Armstrong y Aldrin experimentarían el placer de contemplar la "magnífica desolación" del paisaje.

La misión Apollo iniciada por Estados Unidos en 1967, aparte de la carrera espacial que mantenía con la Unión Soviética para demostrar quién tenía la supremacía sobre las estrellas, tenía un objetivo científico muy concreto y específico: determinar si la Luna y la Tierra procedían de un mismo planeta y se habían desgajado la una de la otra en determinado momento de la historia del Universo o si, por el contrario, eran dos cuerpos celestes absolutamente ajenos. Los científicos del mundo estaban absolutamente pendientes de eso y de todo lo que se pudiera encontrar y descubrir en el satélite.

La misión Apollo había comenzado con un completo desastre. La tripulación del Apollo 1, compuesta por Virgil Grissom, Edward White y Roger Chaffee, había perecido durante unas maniobras en Cabo Cañaveral cuando se incendió el módulo de mando en que se encontraba. Se originó un cortocircuito dentro de la nave y no existía un dispositivo de seguridad que permitiera a los astronautas abrir la escotilla desde el interior. Los tres astronautas murieron el 27 de enero de 1967.

Aquello no fue óbice para que la misión continuara. Se decidió que las siguientes fases de Apollo, es decir, desde el Apollo 2 hasta el Apollo 6, fuesen proyectos sin tripulación, de ahí que esos pasos son prácticamente desconocidos para el público de hoy. Una vez considerada que la seguridad estaba garantizada para los astronautas, se emprendió el proyecto del Apollo 7 y luego con el Apollo 8, uno de los más bellos de toda la misión.

El Apollo 8 era el primer paso para poner a un hombre en la Luna, objetivo que estaba prefijado para el Apollo 11. Los tripulantes de Apollo 8, Frank Borman, Jim Lovell y Bill Anders, tenían como objetivo escapar de la fuerza gravitacional de la Tierra y caer en la vuelta gravitacional de la Luna para, después de dar varias órbitas al satélite, regresar a la Tierra impulsados por la gravedad de la Luna como si fueran una piedra en una honda.

La siguiente fase de la misión, la Apollo 9, formada por James McDivitt, David Scott y Russell Schweickart, tenía como función desensamblar el módulo lunar de la nave principal, hacer un simulacro de aproximación a la Luna y volverse a acoplar al módulo de mando que haría regresar a la tripulación a la Tierra.

La Apollo 10, en la que estaban Thomas Stafford, John Young y Eugene Cernan , era tal vez la más frustrante para un astronauta puesto que tenía que hacer un simulacro de posado en la Luna sin llegar a pisar el satélite y regresar al módulo de mando. Los dos astronautas encargados de partir hacia la Luna se quedaron a tan sólo diez kilómetros de su superficie. Era en mayo de 1968 y todo estaba listo para que Neil Armstrong diera el siguiente paso: el definitivo.

El 16 de julio la misión Apollo 11 salió disparada hacia la Luna en el cohete Saturno V. Tres días después llegaba a la órbita lunar y la tripulación comenzaba los preparativos. El 20 de julio, finalmente, Armstrong y Aldrin salieron del módulo de mando, la nave principal, y se introdujeron en el módulo lunar bautizado Eagle. Era una especie de vehículo araña extremadamente ligero, forrado con papel de aluminio de escasos milímetros para evitar las radiaciones solares.

Armstrong debía manejarlo utilizando diferentes propulsores que giraban en todas direcciones y que lanzaban a la pequeña nave de un lado a otro. El objetivo era alunizar en el Mar de la Tranquilidad. El combustible de la nave daba muy poco margen para que hubiese pérdidas de tiempo. Entretanto, en el módulo de mando, el tercer astronauta de la misión, Michael Collins, aguardaba dando vueltas en órbita lunar.

En el Eagle hubo un momento de angustia cuando sonó una de las alarmas. Armstrong y Aldrin comprobaron que era una alarma menor y siguieron con el descenso hacia el satélite. Desde la NASA les iban dando indicaciones sobre la cantidad de combustible que les quedaba y el tiempo de que disponían. "Sesenta segundos... treinta segundos". El Eagle estaba a punto de quedarse sin propulsores cuando, en el interior de la nave se encendieron las luces que indicaban que acababa de posarse en la superficie. "Houston, aquí el Mar de la Tranquilidad", dijo Armstrong: "El Eagle ha alunizado". Acababa de alcanzarse un sueño. Horas después, tras realizar todo el protocolo requerido para preparar el ascenso de la nave hacia el vehículo principal, Armstrong abrió la escotilla y descendió por la escalera que le llevaba a iniciar la mayor aventura de la Humanidad.

En misiones posteriores, salvo con Apollo 13, que tuvo una avería y un accidentado regreso hacia la Tierra sin haber tocado el satélite, la llegada a la Luna se hizo casi rutinaria. En la misión 17, los astronautas confirmarían lo que ya se sospechaba: que la Tierra y la Luna habían formado parte de un planeta mayor que, tal vez tras el choque con otro planeta, se había desgajado. En ese inmenso estallido planetario, la Luna se había ido formando a partir de rocas dispersas que se reunión por la fuerza gravitatorial de la Tierra. El misterio quedaba resuelto y el hombre era un poco más sabio. Todo aquello sucedió hace ahora 40 años.

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