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"Los sueños de los años 70 eran muy distintos"

  • El escritor manchego publica 'La mujer de la escalera', la novela con la que ganó el último Premio Café Gijón

Pedro A. González (Calzada de Calatrava, 1960), retratado en el Café Gijón de Madrid. Pedro A. González (Calzada de Calatrava, 1960), retratado en el Café Gijón de Madrid.

Pedro A. González (Calzada de Calatrava, 1960), retratado en el Café Gijón de Madrid. / d. s.

El manchego Pedro A. González se ha hecho con la última edición del Premio Café Gijón con una novela de excusa, más que de trama, policiaca: un suicidio y un asesinato pivotan en torno a la posible aparición de unos títulos que podrían alterar la historia de la literatura. La mujer de la escalera (Siruela)no es una novela negra convencional sino, más bien, un misterio bibliográfico con ingredientes del género detectivesco.

La historia parte de una incógnita real en el ámbito académico: desde el Auto de los Reyes Magos, en el siglo XII, hasta Gómez Manrique, transcurren dos siglos de vacío en el teatro español. Un vacío que, suponen los estudiosos, no hubo de ser tal: "La respuesta a esa ausencia de títulos está en los abismos de la imaginación -comenta Pedro A. González-. Los incendios son una de las maldiciones que han sufrido los libros a lo largo de la historia, además de guerras, catástrofes, inquisiciones... Digamos que posiblemente el corpus dramático de la época tal vez no era totalmente heterodoxo, pero lo contrario tampoco. Lo lógico es pensar que existieron y se publicaron obras, pero que no ha quedado constancia de ellas".

A los de mi generación los cambios en la sociedad española nos cogieron un poco desorientados"

González recrea en su novela la universidad de los años 70 para fabular una respuesta: "A mi generación le tocó ir a la universidad poco después de la muerte de Franco: una generación que llegó un poco tarde a ese periodo turbulento de reivindicaciones y manifestaciones, a todas esas guerrillas urbanas e ideológicas -dice-. Justo la generación de antes había estado en primera línea de combate. A nosotros los tiempos nos cogieron un poco fuera de sitio, y quizá un poco desorientados. Muchos de los personajes de la historia se encuentran, de hecho, buscando su sitio, buscando su hueco, sin saber muy bien hacia dónde tienen que tirar. Quizá éramos demasiado jóvenes para asimilar los cambios que se estaban produciendo en España", reflexiona.

En La mujer de la escalera aparecen también otras dos generaciones que entran en conflicto: la de quienes ya se han instalado en el poder, y la de los que vivieron y protagonizaron la Guerra Civil: dos personajes que pertenecen, de hecho, al clero y al ejército, "y que viven en un mundo de recuerdos y nostalgias, y se agarran a otra época distinta a la de la realidad".

Y, como el propio González, los personajes proceden de provincias. De unas provincias, se entiende, de antes del mundo globalizado: "Madrid era el rompeolas de todas las Españas, el lugar en el que coincidían todos los jóvenes soñadores de provincias -cuenta-. Esa desorientación que tienen proviene del momento en el que dejaron sus baúles en los desvanes de sus pueblos e intentaron quitarse un poco el pelo de la dehesa de las llanuras, de los pueblos correspondientes de cada uno: a todos se les nota fuera de sitio en una sociedad que, además, está cambiando a pasos agigantados".

Como forma de lucha, lo que hacen es refugiarse en lo que ellos consideran una burbuja cultural, que es el teatro. "A resultas, aprenden a actuar sobre el escenario, pero no a pie de calle ni a pie de barricada, que era donde actuaban los jóvenes de esa generación", indica el autor.

Todo eso lo personifica su personaje protagonista, Sara, al que le costó aproximarse: "Es un personaje, además, marcado por el rol que había interpretado en La Celestina, el de Melibea: arquetipo venusino y solar, como se dice en la novela. Así que, cuando evoluciona, hay momentos a lo largo de la historia en los que da la sensación de que está cambiando demasiado deprisa. Sufre mucho en cada paso, y lo que consigue lo hace con grandes cargos de conciencia y sufrimiento".

Para Pedro A. González, los años que se pasan en la universidad resultan definitorios: "La época de la universidad -afirma- es una época dorada en la vida de cada uno, aunque cada generación tenga sus propios mitos, sus sueños, sus canciones... En mi caso, desde luego, fue una de las mejores etapas de mi vida, y ahora la contemplo desde el punto de vista de la nostalgia, de una forma casi lírica... La realidad española ha cambiado por completo desde entonces, de formas que posiblemente no podíamos imaginar, pero es que el mundo en sí estaba todavía por hacer, por descubrir".

Una época en la que -señala el autor- "los objetivos eran también completamente distintos a los que se tienen ahora, que parece que no hay más objetivo que el de salir de la universidad e incorporarse al mundo laboral. Contemplábamos la vida de otra manera, teníamos sueños diferentes".

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