Análisis

francisco andrés gallardo

Alcántara

Las frases de personaje de Carlos Alcántara bien podría pronunciarlas como confesión el propio actor Ricardo Gómez. Probablemente los guionistas tomaron frases suyas para expresar esos deseos de hallar un lugar en el mundo, vivir sin la protección del núcleo de su gran familia y autodesafiarse con imprevistos proyectos personales y sentimentales. Ricardo tenía ganas de pasear su madurez.

Ya de la cosecha del equipo de guionistas que dirige Joaquín Oristrell fue cerrar con tino el lazo del personaje, regalar una secuencia de cuenta atrás y adornar el último capítulo de Carlos y Karina (Elena Rivera) con paralelismos, guiños y una complicidad llamada a tocar fuerte los corazones de los espectadores que durante 17 años han visto crecer a ambos. No hubo sangre ni se remató con llantos. Una manera de tratar con respeto y cariño, sin renunciar a las reglas de la ficción, de un personaje de carácter patrimonial. El capítulo hay que paladearlo, con recados de cada uno de los componentes de esa familia que es como la nuestra. Y algún día, alguien en alguna parte, impartirá clases de cómo criar a unos niños en el plató sin que se estropeen como adultos, que sería lo más elogioso de Ricardo, Elena, Santiago Crespo (Josete) y Manuel Dios (Luis) y del equipo que ha trabajado con ellos durante todo este tiempo.

Estos episodios que comenzaron en primavera fueron un homenaje al personaje, incluido el tobogán destructivo de la droga, y que al cabo de sus años de estirón y aprendizaje desemboca en la inspiración que le lleva a contar su vida, al origen de esta historia que comenzó con una familia inmigrante manchega reunida ante el televisor.

Y, a fuerza de retorcer el spoiler, el destino de las Torres Gemelas de Nueva York. No podía ser de otra forma. Cuéntame comenzó el 13 de septiembre de 2001, cuando el mundo parecía desmoronarse a nuestro alrededor. Qué grande es llevar hasta allí a este niño que es El Fugitivo de sí mismo con la mejor canción enviada por España a Eurovisión. Una lección de guion y de la historia de nosotros.

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