Análisis

Antonio Sempere

Ana y Alejandra

Pero qué buenas son Alejandra Herranz y Ana Roldán. Qué orgulloso me siento de la televisión pública cuando veo los Telediarios que presentan. No se les puede pedir más. Menudas comunicadoras natas. Nacieron con el don de la credibilidad y el tiempo ante las cámaras les ha dado ese aplomo incontestable. Comparecen en pantalla para cubrir las ausencias vacacionales de otros compañeros de la casa. Pero bien podrían ser titulares durante todo el año.

Claro que una vez más habría que recordar que un informativo es una labor de equipo. Que luce mucho cuando quien se pone al frente sabe sacar tanto lustre al esfuerzo de tantos y en tantos lugares. Cuando la programación de La 1 es tan cuestionable como la que nos está ofreciendo durante este verano (ay, esos 'Lazos de sangre'; ese programa de Segura y Mota ya finiquitado; ese 'Trabajo temporal' con los de siempre; esas películas que solamente deberían emitir las televisiones privadas) encontrarte con unos Telediarios como los que presentan Alejandra y Ana te redime tanto desafecto.

Por supuesto que los medios y muchos particulares en las redes andan diciendo que los informativos de la televisión pública van perdiendo espectadores cada año que pasa, y muy en particular este último, desde que los dirige Begoña Alegría. Ellos se lo pierden. Aunque a lo mejor si quienes hace tiempo decidieron abandonarlos y habituarse a los de otras cadenas, volviesen a ver un Telediario completo, podría hacérseles cuesta arriba. Subir escalones siempre es más pesado que bajarlos. Lo liviano vende muy bien. La exigencia no es para todos los gustos. A lo mejor escuchar a Íñigo Herráiz desde Mexico o Almudena Ariza desde París es menos excitante que asistir a un batiburrillo de sucesos condimentados por fiestas populares. Pero alguien debe mantener el listón cuando el nivel ha caído tan bajo.

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