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¿Decisivo?

El segundo debate estuvo más dirigido a los convencidos que a los indecisos: pervive la incertidumbre

LAS televisiones privadas que ayer ofrecieron a los españoles el segundo debate consecutivo entre los cuatro partidos más votados que hay hasta ahora en España lo promocionaron como el decisivo: ¿lo fue? Me temo que no.

El formato de Atresmedia permitió más combates: más refriega. Pero en realidad fue más bien estéril. Casi todos los candidatos –Pablo Iglesias menos– buscaron el efectismo, enfatizar los defectos del otro y redujeron al mínimo las propuestas. Como en la campaña: el antagonismo y el miedo soslaya la política propositiva.

Aunque la división por bloques siguió presente, hubo más ataques entre afines. Albert Rivera habló a Pablo Casado como si el más votado en el centro derecha estuviese muy claro que será Cs. El líder del PP replicó más que el lunes al candidato naranja, pero no perdió de vista que su adversario es Pedro Sánchez y trató de presentarse como la alternativa real a una reedición del Gobierno actual. Ambos acorralaron de nuevo al presidente por sus vínculos presentes y ¿futuros? con los separatistas. Sánchez, de nuevo, no despejó ese temor. Se centró en otro temor: a Vox. Entre sus trucos destacó uno sobre Andalucía: omitió deliberadamente que las peticiones de datos sobre los trabajadores de la violencia machista la instó un particular y deslizó que era Cs quien lo exigía: mintió.

Iglesias fue el que más se distanció del tono marrullero que Casado, Sánchez y Rivera trataban de imponer. Volvió a apostar por diferenciar mejor las propuestas de izquierda respecto al PSOE, que amenaza con igualarlo al máximo nivel que tuvo IU: el voto útil.

En general, el debate estuvo más dirigido a los convencidos que a los indecisos. Por eso todos, como el lunes, se considerarán hoy ganadores.

Como en el primero, no hubo un claro ganador que se impusiese a los otros tres, un resultado que beneficia al PSOE, porque Sánchez arriesgaba más.Los dos debates son historia y no parece que vayan a cambiarla: sigue la incertidumbre.

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