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Día 14: Ejercicios de autobombo

Como dice nuestro refranero, que los árboles no nos impidan ver el bosque

Dícese del autobombo el elogio desmesurado y público que hace uno de sí mismo. Ayer lo pensaba en la siesta, tras un riquísimo almuerzo preparado por mis tres hijos. Todo provocado por la rueda de prensa que ofrecieron la ministra Montero y la otra… no recuerdo ahora su nombre (tampoco para lo que dijo voy a hacer un sofocado ejercicio de memoria). Y me dormí, además, con la mosca detrás de la oreja al comparar las emisiones de La1 TV y Antena 3. Mientras la primera omitió su íntegra emisión en directo, no así lo hizo Antena 3, que conectó y lo mantuvo hasta esas preguntas de lata que formulan a diario, a las que sólo resta por añadir aquello de "me agrada que me haga esa pregunta", o "esta iba después".

Lo digo porque no entendía varias cosas. Primero, el concepto de servicio público de una cadena estatal que no considera necesaria su emisión, mientras el grupo Atresmedia evidencia una vez más su intención de no permitir la caída libre del socialismo defendido por Sánchez. Segundo, una conclusión: debo imaginar que si La1 de TVE no emitió la rueda de prensa es porque no era noticiable. Y es verdad. No lo fue. Ni lo que dijo Montero, ni el repaso que Díaz, la ministra de Izquierda Unida (ya me vino a la memoria), zurró a los empresarios de este país.

Algo tenemos claro los españoles. El primer culpable de la situación es el coronavirus. Nada más. Como dice nuestro refranero, que los árboles no nos impidan ver el bosque. El segundo, una mala y deficiente gestión técnica y política que encadena errores sucesivos. El tercero, una probable negligencia de la que aún no es momento ni ocasión propicia para señalar culpables. Ojo: en ambos casos de políticos, por supuesto. Pero también de técnicos. Va siendo hora que establezcamos entre todos la cuota de responsabilidad que esta sociedad, a través de sus instrumentos públicos de control, deba asignar a unos y otros.

Y el cuarto. El autobombo. Nuestra sociedad, en cuarenta años de democracia, ha crecido, madurado, y ha aprendido a enseñar los dientes a quienes creen engañarla con una campaña de imagen. Mal momento ya para aparecer como vencedores de la película. Mal momento para sonrisas y palmadas en la espalda. Mal momento para el autobombo. Y si no, que recuerde alguien una medida del consejo de ministros distinta de las que, un día antes, anunció su presidente, que pudiere al menos justificar el directo televisivo. No niego la legitimidad del autobombo. No niego que en ocasiones sea humano decir coño, vamos a celebrarlo. Sé que las cifras comienzan a marcar una nueva tendencia. Pero, ¿sólo por eso se sitúan en el papel de los héroes de Marvel? ¿No deberíamos esperar un poco?

Hay dolor. Hay dolor y miedo. Y desesperanza. Y frustración. Somos otra curva, pero ésta continuamente sube y baja. No. Aún no estamos para sacar pecho de nada. Más bien, para tapar vergüenzas presentes y futuras. Aunque se invierta la tendencia, nuestra sociedad tiene muchas cuitas que resolver. Con ella, y con su futuro como país. Avanzo. Habrá que revisar con urgencia las desigualdades territoriales. Que se lo digan a Torra y Urkullu.

Y déjense de autobombos y complacencias. Es pronto aún.

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