Análisis

Juan Pablo Luque Martín

ENGAÑADO

Engañado. Una y otra vez. Mientras él juega con el estado de derecho como se le antoja. Ya lo hicieron otros, y él se debe a su historia, a su ego, y a su cuenta corriente. Su trayectoria sólo se ilumina en medio del antiderecho, en la confrontación, en las dos Españas. Para lo que sirve tanto envite populista. Nunca hizo ni hará nada por lograr la paz, por alcanzar las máximas cotas de responsabilidad política, por mantener la cordura y el buen hacer de un afortunado tránsito de convivencia que comenzó cuarenta años antes. Y yo Engañado. Siempre engañado. Mientras él juega a su antojo con una Constitución a la que una y otra vez patea con sus declaraciones.

Insisto. No todo vale en política. No vale alienar a la juventud, incitarla a que tome la calle en la llamada de su marionetero, del que, por ocultar sus vergüenzas y fracasos en Andalucía, se vale de quien aún tiene pendiente parte de la razón y un mucho de experiencia. Su única lección: la calle nos deberá otorgar lo que las urnas nos quitaron.

Valiente lección de democracia, de quien dirige desde su calefacción central a los que ocupan la calle y exigen a la policía le exhiba la orden de desalojo. Como lo oyen. Es lo que enseña en escuelas de calle y asambleas. Aún no llegaron al tema en el que se habla de los títulos de ocupación de la calle, del derecho a opinar, de que en mi calle la historia no se impone, que el voto libre es la mayor victoria de nuestra España actual, que las banderas que exhiben en su ilegal ocupación, son las mismas que yo usé en mi juventud para echar de mi país a quienes, como ellos, no dejaban opinar y perseguían a quien votaba distinto.

Valiente historia de quien incita a levantarse contra el resultado electoral, de quien le importa una mierda el estado y mi malherida democracia. Sólo importa tomar la calle, el vandalismo, quemar contenedores, romper los cristales de escaparates y portales.

Verán. No pertenezco ni creo perteneceré a la otra esquina. Nunca me gustó adecentar mi pensamiento en vaivenes de la razón, en inquietudes que surgen como contrarréplica de la desilusión de una noche. Cabe ser más mesurado, más consciente de lo que son cuarenta años de democracia, de derechos y libertades, de pacífica convivencia. Es curioso: quien niega asistir a la celebración de la efeméride de nuestro sistema constitucional, es quien desparrama contra la otra esquina porque les imputa lo mismo que ellos hacen.

Quien amenaza con unirse a quienes niegan sistemáticamente la unidad territorial del estado y nuestro régimen de autonomías, hace de vocero para que no le quiten el puesto otros que también la niegan. Ni votos, que a él también se le han ido unos cuantos hacia Vox. Esta juventud, siempre tan cambiante…

Y mientras quiere que luchemos contra cuatrocientos mil andaluces fascistas que nunca lo fueron. Asi los llama. Y desde su mansión alienta a sus juveniles huestes a que se crean ejército de salvación, tropas de un movimiento que como el suyo en su día, también nació de la desilusión. Esto es lo que hay. Y mejor no escarbar más.

Por lo demás, sólo espero mucho del sosiego y aún más de la razón. No creo un pacto Socialismo-Ciudadanos. Sería un nuevo Partido Andalucista que desde aquí comenzaría su cuesta abajo sin frenos. Serían tantos también los engañados…

Ciudadanos necesita llegar incólume a su propuesta municipal y nacional. Cazar en Andalucía a costa de pactos hoy por hoy anti natura le anticiparía una factura, que, salvo que Albert Rivera haya perdido su fino olfato, capacidad y análisis estratégico, no veo deba estar dispuesto a asumir. Quieran o no, le guste o no. De arriesgar, se juega su creciente futuro en Andalucía, donde ya cayeron otros. Ha planteado un órdago, pero en realidad vocea para que nadie crea que sólo lleva chicas. Veremos cómo termina la partida.

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