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Análisis

gumersindo ruiz

Elecciones europeas, Irán y el precio de la gasolina

Empieza a notarse el coste de la gasolina, que hace dos años estaba alrededor de 1,20 euros litro, la de 95 octanos, y ahora se acerca peligrosamente a 1,40; estos 20 céntimos son un incremento del 17%, que es muchísimo, pues nuestro índice de precios al consumo apenas sobrepasa el 1,2% anual. El precio del petróleo ha oscilado en la última década entre casi 150 dólares por barril a poco más de 30, y ahora está en unos 75 dólares; un precio de 50 resulta equilibrado, no perjudica a países importadores ni exportadores, y hace relativamente rentable las energías renovables -en las que nuestros gobiernos no han puesto suficiente confianza-.

No entro en el tema de los impuestos fijos que se cargan al petróleo, sino en las variaciones del coste por oferta y demanda. La oferta sufre principalmente por las sanciones de Estados Unidos contra Irán, que se quieren extender a los países que le compren petróleo. A ello se añade la situación de Venezuela, que no necesita sanciones para crear su propio caos, al igual que Libia; además, Rusia tiene un grave problema de contaminación de su principal oleoducto por la mala calidad de su crudo. No así Irán, con una producción de gran calidad, que se ha reducido en un año de 2,8 millones de barriles diarios, a 1,3, lo que se nota en un total mundial de 82,4 millones.

Una pregunta incómoda a los candidatos a las elecciones al Parlamento Europeo sería su posición -¿a favor de Irán, en contra de Estados Unidos?- y la pugna entre principios sobre libertades formales o supuestas amenazas a la seguridad. Instex es un instrumento creado en enero por Francia, Alemania y el Reino Unido, para negociar evitando las sanciones de Estados Unidos; no está aún operativo, pero es un desafío a la prepotencia norteamericana, a lo que se uniría avanzar en que los pagos por petróleo se hagan en euros y no en dólares, que ahora con un euro en el entorno de 1,10 encarece también las compras. Porque si la situación actual permanece, sin duda va a perjudicar a una economía con sectores tan dependientes energéticamente como la nuestra.

Jafar Panahi, el director de cine iraní, tiene prohibido rodar y estrenar en su país, aunque ha ganado premios en Venecia, Berlín y Cannes, y sin embargo sigue trabajando y con cierto sentido del humor. Su película: 3 caras, es la historia de tres mujeres, tres generaciones, y un viaje al norte del país, la frontera con Azerbaiyán, donde se contrapone la belleza y desolación del paisaje, que es también la del país, y la de las personas, con su generosa humanidad y sus prejuicios. Parece mentira cómo los dirigentes de algunos países se empeñan en amargar la vida a la gente con sus manifestaciones de poder disfrazadas de principios, en Irán con la intolerancia que no cesa, y en Estados Unidos con amenazas caprichosas que han conseguido hundir la economía de Irán dos años seguidos, creando una inestabilidad social cuyas consecuencias están por ver. Frente a tanto enfrentamiento artificial y estéril, los partidos españoles deberían dispuestos a unir posturas para buscar soluciones razonables, desde el Parlamento Europeo, a cuestiones que parecen lejanas, pero que nos afectan diariamente.

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