Análisis

francisco andrés gallardo

España

Igual que existe el sentimiento natural de cariño hacia la familia y nuestro entorno, al que se nos promueve desde bebés, siempre debió exigirse a los partidos un consenso para alentar un sentimiento de cariño hacia nuestra nacionalidad. Estimular desde la escuela, las instituciones y los medios el aprecio por ser andaluces (manchegos, riojanos o araneses) pero también por ser españoles, que es lo que nos une a todos y no debería significar ninguna etiqueta añadida. En España, por puro complejo de inferioridad, se sobrevalora la opinión de los que dicen eso de que no sienten ninguna bandera, que su tierra es su casa y que su nación es el mundo. Después llegan furores extremistas, las apropiaciones en las plazas, y lo que debería ser natural y normal, rasgo socialdemócrata, como sentirse español y defender sus símbolos, se convierte en arma arrojadiza y actitud sospechosa. Ante esa omisión (no se puede querer lo que no se conoce; o se quiere ocultar), en determinadas comunidades como Cataluña y el País Vasco los ciudadanos y sus hijos han sido bombardeados desde escuelas y las cadenas autonómicas en la exclusión y el supremacismo aldeanista. El triste discurso del detenido Oriol Junqueras retrata lo que se ha venido inoculando durante lustros en la sociedad catalana.

En la televisión de España, públicas y privadas (privadas con gran presencia de capital extranjero), no se ha fortalecido precisamente la divulgación por el cariño sincero al país. Es normal que se tienda a destacar lo cutre, lo soez y la corrupción, denigrar al rival político y de paso hundir cualquier intención de autoestima colectiva. Es más ventajoso y ventajista jalear las patrias chicas y el postureo progre de millonarios. En las redes se multiplican estos resquemores y se exageran los arquetipos más negativos.

No hacen falta programas de formación del espíritu nacional pero nos conformaríamos con que los comunicadores y sus cadenas, algún día, con naturalidad y sinceridad, dijeran que se sienten orgullosos de España: ese país que les llena la cartera.

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