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Análisis

Alejandro Zubeldia Santoyo

Pesadilla económica del coronavirus

Otro lunes confinados en Granada: fotos de una ciudad al ralentí Otro lunes confinados en Granada: fotos de una ciudad al ralentí

Otro lunes confinados en Granada: fotos de una ciudad al ralentí / Photographerssports

De repente, la vida nos pone a prueba. Parece lo que es, vivimos una autentica pesadilla.

Coronavirus es una crisis global que afecta a todo el mundo. Me atrevo a afirmar que la mayor crisis de la historia moderna. No hay experiencia que se pueda asemejar a lo que está ocurriendo desde el punto de vista sanitario, económico y social. Durante este periodo se están tomando -y se tomarán- decisiones que nos afectan directamente y condicionarán nuestro mundo y la vida de la ciudadanía. Me refiero a las relacionadas sobre todo con la sanidad, la economía o la política.

Estas medidas determinarán el contexto en el que nos desenvolvamos cuando acabe esta pesadilla. Se saldrá, saldremos y el mundo será muy distinto.

Actualmente se actúa para detener la epidemia, que es el objetivo prioritario. Pero también se ejerce la política para actuar sobre la economía y las consecuencias de la pandemia. España no va dejar caer a su economía y no va a dejar que se pare. De ahí que el Gobierno de España haya puesto en marcha un mecanismo de apoyo y ayuda a la economía nacional.

Todo está afectado, la población española, pequeños negocios, el comercio al por menor, tiendas, bares, restaurantes, teatros, las grandes multinacionales que operan aquí, las grandes empresas españolas, las PYMES, el trabajo autónomo, mayoristas, distribuidores, etc.

Todos los flujos económicos se han venido abajo, excepto, en menor medida aquellos que están vinculados al abastecimiento imprescindible. Hay una espectacular crisis de demanda (no podemos comprar) y una enorme crisis de oferta (no podemos producir, aunque hay capacidad productiva). Esta situación es novedosa. Nunca había ocurrido algo parecido, no hay precedentes. La economía está parada.

En esta dirección se dirige la acción del Estado que para contrarrestar esta situación, a diferencia de otras salidas de crisis (véase la crisis financiera tras 2008), estimulará la economía con un principio básico e innegociable: no dejar a nadie atrás.

La economía requiere de una intervención pública masiva propia, con apoyo europeo y de responsabilidad compartida. Y su aplicación debe ser rápida, efectiva y llegar a todos los ciudadanos, trabajadores, autónomos y empresas.

Así, el Gobierno movilizará 200.000 millones de euros, consciente de que al impacto económico y financiero de la crisis debe seguirle una recuperación contundente; por eso la mayor activación de recursos de la democracia.

El empleo es prioritario para el Gobierno de España, de ahí sus propuestas. Las empresas van a tener problemas enormes, no podrán pagar créditos, no podrán pagar salarios, no podrán invertir. Para contener esta situación y evitar el colapso, el Estado inyectará “sangre” al sistema, proporcionando financiación. Se aplicarán ERTE,s -con características excepcionales para sostener el empleo y facilitar la salida postpandemia- y se activará el ICO de manera inmediata para facilitar el acceso a la financiación, entre otras de las muchas medidas.

Evidentemente, y creo que de modo oportuno, la Unión Europea ha relajado sus exigencias en cuanto al déficit y España actuará en consecuencia. No habrá techo de déficit y el Estado podrá endeudarse. La economía podrá reactivarse con medidas como las propuestas en los distintos Reales Decretos conocidos.

La recuperación será lenta y visible para las personas y no todos los sectores se recuperarán al mismo ritmo.

Un aspecto muy importante, de todos sabido, es el miedo, las reticencias, la falta de confianza y sus efectos en la economía. Se reactivará la oferta pero el consumo será, evidentemente, comedido en cantidad y en intensidad. Volveremos a una situación similar a la anterior, aunque la incógnita es cuándo.

Algunos expertos indican que un mes de confinamiento supone alrededor de medio año de parón económico. Los mismos, indican que conoceremos y abordaremos nuevos escenarios. El impacto de las TIC,s en estos momentos ha roto estadísticas, tanto en teletrabajo, educación y formación así como las relaciones sociales, apreciaremos mas las cosas y lo que tenemos, etc. Es escenario es ideal para el desarrollo de la investigación y la ciencia para su posterior aplicación.

En una situación de emergencia, decisiones que deberían llevar varios meses o años, deben aprobarse e implementarse en días o en horas. Así lo entiende y lo hace el Gobierno de España.

Por cierto, reconozco que es curioso, cuando no patético, cómo las miradas de las derechas, ahora, se centran en él y en su red de protección pública. Es también curioso y sonrojante que aquellos conservadores y neoliberales extremos que cabalgaban sobre la austeridad, el control del déficit y de la deuda, “se hayan caído del caballo” y sigan ilesos.

Esta situación exige sentido de Estado y colaboración y que no se perjudique la gestión de la crisis. Por supuesto, que se abstengan aquellos que buscan el oportunismo político y económico. Tiempo habrá de analizar las medidas y sus efectos. Estoy seguro que los ciudadanos en su mayoría verán con optimismo y confianza el futuro tras esta tremenda pesadilla.

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