Análisis

Juan Pablo Luque Martín

Punto de inflexión

Cerrando el telón. Sólo un día y podremos desprendernos al fin de los papeles que inundan nuestro buzón de correos. Unos, espero que los más, convencidos y decididos, creyendo en lo que votan, en el resultado, en su responsabilidad cuatrienal, que en el envite se juega más que una esperanza. Otros, los menos, mirarán para otro sitio. Sienten la obligación, no creen que el papel que depositan les depare lo mejor, pero tienen que hacerlo. Saben que deben hacerlo. Creen en su país y en la Andalucía que debe venir. Por cordura y por respeto. Finalmente, los casi inapreciables, los del papel en blanco, los que nada le convence, pero sienten la necesidad de decirlo y aceptan las reglas de juego.

De los demás ni hablo. No merece la pena. El que de la barra del bar convierte su palabra en el mejor de los discursos que pronunciar, el que, por encima de todos, siente que con él no va. No va el país, no va su ciudad, no va esta Andalucía de claroscuros y contradicciones. De ellos no merece la pena escribir. Ni están, ni les espero. Cualquier resultado será bienvenido para ellos. Cuatro años más de discursos en el bar. Esos sí que no cambian. Dice Luis María Ansón que, como sucedió en España, el espectáculo de la corrupción política debe avergonzarnos a todos, pero también a una Andalucía que destaca por su fe en el futuro. A los primeros, una moción de censura les cercenó el camino. A los segundos, será el dos de Diciembre el que defina lo que le depara el futuro político. 

El Dos de diciembre definirá si los andaluces creemos en un punto de inflexión. No lo decide Susana, no lo decide Juanma, no lo decide Ciudadanos… lo decidimos nosotros para nosotros mismos. Grandes encrucijadas por definir una región que aspira a iniciar su desarrollo a pesar de los graves inconvenientes que ya están aquí: el problema catalán, que cuestionará y transformará la transferencia de recursos entre las regiones españolas; una tasa de paro, reticente a abandonar el furgón europeo; la marca Andalucía que debe impulsar algo más que un turismo que no alienta mejora de resultados; y nuestro andalucismo, nuestra capacidad de liderazgo, siquiera sea humano, nuestro proyecto en los próximos cuarenta años. Un punto de inflexión, sin duda. Un punto de inflexión.

Lo que Andalucía ha representado para España, es incuestionable. La imagen de un socialismo andaluz que anegaba todos los rincones de la geografía española y los engrandecía con su impronta. Los andaluces no fuimos tontos, y establecimos la base de nuestra confianza. Pero también es verdad que el tiempo nos ha conducido a la fase del te quiero pero menos.  Cada vez menos. Desde el 52% de las elecciones del 82, hasta el 35% de las últimas. Te quiero, pero menos. El punto de inflexión, quizá. Quizá. El 2 de Diciembre lo dibujamos entre todos.

Pactos, corrupción, crisis de la identidad nacional, el replanteamiento de un nuevo escenario político, una nueva partida de ajedrez cuyos peones aún desconocemos, el retrato de veinte años en unas sentencias, la Andalucía que no puede seguir viviendo de discursos y necesita despegar como el resto de regiones españolas. Andalucía se reivindica el dos de Diciembre y está cansada de ser eje de discursos vacíos. Hoy nadie, ninguno de los partidos es adalid de la democracia. Nadie nos quitará lo que ganamos. Por eso el voto no puede ser ya el del miedo, sino el de la esperanza, el de mejorar, el de construir, el de castigar con nuestra esperanza a quienes Andalucía solo fue slogan apenas los tres últimos días de campaña.

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