Análisis

francisco andrés gallardo

Sánchez...

El presidente Pedro Sánchez se ha metido él solito en el lío de los debates electorales por esa imprevisión e imprecisión de criterios que marcan su gestión personal. Como toda la llamada nueva política, se mueve por designios de la demoscópica parda, a golpe de like. En ese paisaje de complacencia postural la intención de voto a los extremos se convierte en castigo.

En una RTVE que ya parece no tener ni urgencias ni objetivos, con la peor gestora que se recuerda (al ser administradora única, y temporal, Rosa María Mateo no sabe qué hacer, es una mente cortoplacista más), a Sánchez no le interesaba un debate en la cadena pública porque no estaba Vox. Y cuando Atresmedia ha debido darles de baja, el presidente ha agraviado a su vez al grupo privado porque durante unas horas forzó a Mateo y a RTVE al despropósito de ocupar la misma fecha.

Si en el asunto de los debates el equipo de Sánchez se ha portado con torpeza alarmante qué cabría de esperar en las crisis graves que se asoman con la nueva década. Y el panorama no mejora en los atriles de alrededor. Al final quienes pueden sacar más partido de los monólogos de estas próximas noches serán los ausentes, que crecen cuanto más callan. Al líder del PSOE le van a hacer la pascua. A Rivera y Casado les puede desgastar su crueldad y desplantes e Iglesias ya tiene bastante con recuperar afectos. Sin Vox, la estrategia común será la de no perder, que corra el reloj y aprovechar alguna colleja en nucas ajenas.

El ritmo del debate de TVE será más pastoso, con una puesta en escena incómoda. El fondo oscuro resalta las siluetas de los comparecientes, pero las aplana y los puntos blancos animados del decorado sólo vienen a distraer las palabras. Se hará largo lo de mañana. En Atresmedia, un partido de vuelta que realmente no quiere nadie, el debate se verá avivado por una fórmula más abierta y por el empaque del dúo Vallés-Pastor frente al laconismo de Fortes. Qué remedio. Qué rollo. La televisión privada será la única ganadora real.

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