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La absurdez también podría ser un género cinematográfico. De hecho, Joaquín Reyes y Ernesto Sevilla se dirigen, sin freno y con un bagaje ya extenso y brillante en televisión, hacia ese propósito: el de una película. Entretanto los vemos en pantalla grande, el dúo de cómicos más inteligente de nuestro país muestra su madurez en la segunda temporada de Capítulo 0, serie que acaba de regresar a Movistar+. Parecía imposible superar la primera tanda de capítulos, pero lo han conseguido. Con ocho nuevos episodios autoconclusivos, llenos de referencias a películas, guiños a la comedia absurda que ha lanzado a estos humoristas manchegos a la fama y -por qué no decirlo- más dinerete, Capítulo 0 es un ejercicio de autosuperación pues, superado el miedo al nuevo formato, los creadores crecen tanto en la producción como en la elaboración de guiones.

La mejor serie de la televisión nacional del año vuelve a ser chanante. Las nuevas historias traen héroes de culebrón, espías de la guerra fría, perros que hablan fenomenal, vidas cruzadas por un terremoto, mujeres con problemas documentados, zapatiestas en platós de televisión, o vidas ejemplares del todo inesperadas con una dosis extra de azúcar glass.

Esta segunda entrega, además, cuenta con un nutrido reparto de escuderos habituales de Reyes y Sevilla entre protagonistas, secundarios y cameos: Paco León, David Broncano, Pablo Motos (productor en la sombra con 7 y acción), Miren Ibarguren, Verónica Forqué, Hugo Silva, Arturo Valls, Javier Botet, Ingrid García-Jonsson y Adriana Torrebejano, entre otros, se suman a una puesta en escena demencial, dentro de la cordura de este cachondeo tan inteligente y loco a la vez.

La vuelta de Capítulo 0 se muestra a sus incondicionales, como siempre en un canal para minorías entendidas (podría decirse que en frasco pequeño, como todo lo de calidad), con capítulos de 25 minutos cocinados a fuego lento, con un estilo más cinematográfico si cabe (y mira que les gusta ser cinematográficos) y más reflexivos que nunca, pero con el mismo surrealismo de siempre.

Con sendas parodias a títulos como Bohemian Rhapsody y Man On The Moon, el primer capítulo es un falso biopic de Joaquín Reyes, el director de la saga, más cómodo que nunca detrás de las cámaras. Sólo apto para fans de los chanantes, quizás a los que no han seguido a los de Albacete les resulte difícil comprenderlo. El cómico, tras una vida de éxitos, se dispone a dar un último banquete en el que se produce un flahsback hacia su infancia de niño incomprendido y su crápula juventud de descenso a los infiernos. Todo ello compone un juego tronchante y bien ejecutado que deja en el paladar las ganas de seguir viendo más.

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