Análisis

Joaquín aurioles

El efecto "bola de nieve" y el gasto público

Es difícil procesar el aluvión de iniciativas políticas con impacto sobre el gasto público anunciado durante las campañas electorales de 2019 por los aspirantes a gobernar en coalición, pero si nos fijamos en el proyecto de presupuestos generales cuyo rechazo en el Congreso de los Diputados propició el final de la legislatura, encontraremos que la pretensión del Gobierno era que el gasto presupuestado aumentase por encima del 5% (más de 20.000 millones de euros). Subía el sueldo de los funcionarios, el gasto en dependencia, en becas, en farmacia (supresión del copago), en guarderías y algunos otros conceptos corrientes, de esos que se convierten en compromisos para el futuro. Entre ellos el gasto en pensiones, la partida estelar por su cuantía y por su impacto mediático-político, así como por la intrigante promesa de Sánchez de garantizar su incremento según la inflación real, que definitivamente será muy inferior a la prevista y al aumento del 1,6% que Montoro tuvo que aceptar en los Presupuestos de 2018, prorrogados a 2019.

También desconocemos el impacto presupuestario del acuerdo entre los aspirantes a gobernar en coalición, pero si la pretensión fuese un nivel de gasto público corriente similar al contenido en el fallido proyecto de Presupuestos para 2019 y financiarlo con más impuestos (grandes fortunas, carbono, banca, beneficios empresariales, etc.) y con emisión de deuda pública, habría que considerar seriamente el riesgo de insostenibilidad financiera por efecto "bola de nieve".

Supongamos que los nuevos presupuestos generales para 2020 establecen un aumento del gasto público en 20.000 millones de euros, financiados a partes iguales con impuestos y emisiones de deuda. Si la recaudación impositiva fuese la prevista y los compromisos se mantuviesen sin variación para 2021, los nuevos impuestos permitirían cubrir nuevamente la mitad de ellos, pero la otra mitad obligaría a una nueva emisión de deuda. Algunos de estos compromisos, como el copago farmacéutico o la gratuidad de las guarderías infantiles podrían tender a estabilizarse en el tiempo, es decir, no incrementarse cada año, pero no sería el caso de otros, como el gasto en pensiones o el sueldo de los funcionarios. Si el crecimiento de la economía fuese nulo, pero algunos de estos gastos continúan aumentando, los nuevos impuestos serán cada vez más insuficientes y más necesario el recurso a un mayor endeudamiento. El efecto "bola de nieve" hace referencia a movimientos de acumulación moderados en sus etapas iniciales, pero cuya progresión puede convertirlos en avalanchas incontrolables con el paso del tiempo.

El proceso no tiene forzosamente que ser tan caótico como se ha descrito, aunque el riesgo es evidente y puede ser elevado. Se podría evitar si el crecimiento nominal de la economía es superior al del gasto público, es decir, en torno al 5% en 2020 y algo menos en los años posteriores, pero la amenaza real que supone el efecto "bola de nieve" sobre las finanzas públicas españolas reside, precisamente, en la dificultad de alcanzar estos registros de crecimiento en las actuales circunstancias de incertidumbre económica.

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