Análisis

Gumersindo ruiz

Los límites de la tolerancia

El libro del filósofo e historiador Denis Lacorne plantea qué lugar debe reservarse a los intolerantes en una sociedad democrática, plural, que respeta la libertad individual, y está abierta a todas las confesiones religiosas. En la historia de la intolerancia religiosa, el límite que resulta intuitivo es la no aceptación del fanatismo que trata de destruir instituciones y personas. Históricamente, junto a prácticas terribles de intolerancia religiosa, que acababan en matanzas y exterminios, hay también épocas de tolerancia, como en la Andalucía musulmana, y en el imperio otomano, contrastando con la crueldad de las guerras y persecuciones religiosas de cristianos contra cristianos en Europa.

Sin embargo, este acomodo de los que eran distintos se hace por razones administrativas y económicas, sin que se produzca una integración, haciéndose visibles las diferencias mediante impuestos, la separación en guetos, y otras formas de humillación. Frente a ello, las virtudes del comercio y los intercambios, junto con la necesidad de mano de obra, ha sido uno de los argumentos históricos más fuertes a favor de la convivencia entre religiones, pero la tolerancia burocrática hacia pueblos y grupos religiosos o étnicos se ha convertido en muchas ocasiones en una forma de despotismo, ya que no se da un derecho, sino que se acepta o se sufre al otro porque resulta práctico.

Hoy los símbolos religiosos siguen siendo una fuente de conflictos, los más frecuentes relacionados con el velo de la mujer musulmana, pero también los turbantes hindús en el ejército inglés o canadiense, y su incompatibilidad con los cascos obligatorios de los motoristas o en la construcción. Incluso hay quién no quiere vacunar a sus hijos, en nombre de la libertad personal. Denis Lacorne define cuatro espacios para la tolerancia: el privado, donde la libertad personal es absoluta; el religioso, que se rige por sus propias normas; el institucional, colegios, edificios públicos, estaciones de trenes, o aeropuertos, que tienen las exigencias que marcan sus funciones; y el espacio público, cuya razón principal es la convivencia -por ejemplo, el desnudo en nuestras sociedades pertenece al ámbito de la intimidad, pero se tolera en espacios reservados-.

Estados Unidos es el país donde la tolerancia formal permite toda forma de manifestación personal y artística, por muy insultante o de odio que sea, incluso a gobernantes y símbolos, pero se penaliza la incitación a la discriminación, o violencia y hostilidad hacia una persona o grupo concreto, que pueda resultar en un daño físico, o en desorden público.

En los países europeos la tolerancia toma formas diversas, según el pasado y los fantasmas de cada país; pero quizás más que institucional se trata de una cuestión educativa, pues la tolerancia -religiosa, política- no es compatible con puntos de vista cerrados, parciales o absolutos, que pueden llevar a la sinrazón y a fanatismos; las tolerancias de unos ayudan a gestionar las intolerancias de otros, pero esto requiere una actitud de reciprocidad, y la amenaza de los intolerantes no se puede tolerar cuando se convierte en algo serio, cuando la única razón es la suya -por encima incluso de la ley-, y hay riesgo de violencia.

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