Análisis

francisco andrés gallardo

El reportero

Pobres periodistas destacados en esos puertos de montaña perdidos para ser los primeros, en cuanto arrecian los copos, en hablar de la ola de frío desde el ombligo de las borrascas. O esos sonrientes reporteros, porque sí, han de asumirlo con una sonrisa ante el espectador, que encaran durante horas como sea para hablar de lo atestada que está la playa. Son algunas de esas labores ingratas que han de blandir los redactores de infantería (también algún que otro jefe) y que tal vez nunca son valoradas por el esfuerzo y el sacrificio que suponen.

Lo evidente suele ser lo más necesario para hablar en los informativos. Si hace calor habrá que hablar del calor, qué está pasando en cifras, cómo combatirlo y qué medidas preventivas se han de tomar. Y si hace mucho frío, aunque sea enero, también. Hablar de la realidad, es decir, de lo que pasa cuando la gente se asoma a la ventana, es una de las misiones de los medios, aunque a veces nos embrollemos en materias y postureos de las élites que interesan en verdad sólo a unos pocos.

El redactor manchego de RTVE Juan Ballesteros ha sido aplaudido en las redes por su desparpajo y retranca al ironizar sobre la labor encomendada para hablarnos de las altas temperaturas que existen en su tierra, arrogándose incluso la misión del editor y del jefe de la escaleta del canal 24 Horas. Aunque haya quienes los tilden de héroe, Ballesteros no ha estado a la altura de su profesión ni dignifica la labor de tantos compañeros a los que en estos días se les pide que hablen del tiempo a pie de calle, para ilustrar con credibilidad algo tan evidente y objetivo como la meteorología. Habrá quien le haya visto la gracia a la impertinencia pero sin duda es un rasgo que dibuja la poca profesionalidad del tal Ballesteros y de la flema que ha tenido el jefe de su equipo para contar con su confianza para esa noticia.

Y ya, a lo lejos, lo que se confirma es el desgobierno que existe en RTVE y lo poco que suman muchos de sus redactores, que se enfadan a la mínima si salen de su zona de confort.

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