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Ni para Julio Iglesias la vida siguió igual a partir de esta, su primera canción, ni para nosotros la vida seguirá igual después de esta tremenda experiencia con la que convivimos desde hace días y hasta vaya usted a saber cuándo... La vida sigue igual, que se asoma hoy a este cancionero analítico, aparece con toda su carga de formulación 'finta' (fake), porque aunque las jornadas en su lento discurrir vayan arrancando fechas del almanaque con la apariencia de iguales unas a otras mientras dure este toque de queda, todos sabemos que ya nada será igual el día que recobremos la normalidad.

Echamos hacia atrás las agujas del calendario para situarnos en el verano de 1968. En París ya han tenido su 'Mayo francés', que sociológicamente desmontará los conceptos de autoridad vigentes hasta ese momento y proyectará sus influencias de libertad hacia las siguientes décadas, con una primera explosión en el verano siguiente, 'el verano del amor' y su expresión en el Festival de Woodstock sobre el que necesariamente volveremos en este cancionero con vigencia mientras dure la crisis. Verano francés, verano del amor.... Eso es en el mundo. En España, musicalmente hablando, la radio emite estribillos facilones y pegadizos a la espera de una cita anual a la que concurren cantantes de segunda fila y primerizos con deseos de éxito, dada la proverbial aversión de las estrellas de la canción a competir entre ellos.

Es el Festival de Benidorm, un invento del alcalde que inventó el turismo de masas en España hasta convertir una aldea de pescadores en la megápolis insostenible que ahora luce en la costa alicantina. Allí han arrancado, en ediciones anteriores, carreras artísticas que en este 1968 alcanzan altísimos niveles de popularidad, como son Raphael o Karina. Y de allí va a arrancar en este verano, precisamente, la carrera artística del más universal de nuestros cantantes: Julio Iglesias. Un espigado mozalbete del que en cuanto se proclame vencedor vamos a saber que, a punto de cumplir 25 años, guarda en su pasado una historia de frustración a raíz de un accidente de automóvil que disipó sus sueños de éxito en la portería del Real Madrid, en cuyos equipos juveniles había formado antes de aquel incidente de carretera. Que inmovilizado y postrado en una cama de hospital aprendió a tocar la guitarra, compuso la canción, se presentó en Benidorm -donde, al parecer, entretenía sus nostalgias trabajando en el turismo de la ciudad-, subió al escenario, cantó y gano...

La historia, con algún aditamento lateral a la narración visual, está contada en una película, hagiográfica y con niño, que lleva el mismo título, La vida sigue igual. Algo dulzona, como su historia misma, como él mismo: no en vano, en sus comienzos al cantante le completaron el nombre artístico: 'Ciclamato Julio Iglesias'. Parece ser que el ciclamato estaba entre los ingredientes que se empleaban para endulzar las bebidas refrescantes. Cuando en 1970 se difundió que podía coadyuvar a la formación del cáncer, toda referencia al ciclamato desapareció de los envases. En ese mismo año Julio Iglesias reunió en un mismo álbum todas las canciones que había venido lanzando desde su debut con La vida sigue igual. Bajo el paraguas de Yo canto, el éxito del momento, allí había hasta doce canciones que ya auguraban el estilo que le llevaría al éxito universal.

Yo canto, una canción optimista con declaración de intenciones ("...a la vida, a las gentes, al amor, a un río que nace, a un niño... Yo canto a una flor"), tenía una letra tan intrascendente como esta La vida sigue igual que entretiene hoy el confinamiento: "Unos que nacen, otros morirán; / unos que ríen, otros que llorarán. / Aguas sin cauce, ríos sin mar. / Penas y glorias, guerras y paz". A pesar de esas dos últimas palabras, que son una invocación implícita a Dostoieswki, es obvio que estas letras no pasarán a la historia de la literatura universal, aunque el estribillo sí introduce uno de esos axiomas que se emplean para zanjar cuestiones: "las obras quedan, las gentes se van; / otros que vienen las continuarán", más el remate: "La vida sigue igual".

Canción que Iglesias compartió en el escenario con un conjunto malagueño, Los Gritos, de corto vuelo y efímera vida, La vida sigue igual, comentario que abríamos refiriendo sus dos falsas certezas -ni la vida siguió igual para Julio Iglesias ni seguirá igual para nosotros-, va dedicada hoy a todos los que se entretienen en lanzar falsedades. Fake, en plan fino.

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