Editorial

Abogados de la causa del terror

EL magistrado de la Audiencia Nacional Eloy Velasco envió ayer a prisión a los ocho detenidos el pasado miércoles por su presunta pertenencia al llamado "frente de los presos" de la banda terrorista ETA. El juez ha estimado que los ocho arrestados integraban un grupo de coordinación directa entre la dirección de ETA y los presos de la organización que actuaba con tal grado de autonomía que era un brazo operativo más de la banda etarra. El ingreso en prisión se justifica por el riesgo de fuga y de destrucción de pruebas. De lo último existe una notoria evidencia, puesto que cuando los agentes de la Guardia Civil entraron en el despacho de los abogados Arantza Zulueta y Jon Enparantza los encontraron destruyendo documentos, con soportes informáticos escondidos en cojines de sofá y un pendrive deliberadamente machacado. Tres de los ocho detenidos intentaron huir. Con respecto a la condición política de los detenidos, cabe indicar que a la abogada Zulueta se le han intervenido conversaciones en las que queda clara su obediencia ciega a ETA, hasta el punto de decirse dispuesta a matar si ésta lo ordena, su rechazo a todo lo que suponga asunción de arrepentimiento de los asesinos presos e incluso su desprecio hacia los líderes de Batasuna por su apuesta por las vías políticas. Las detenciones, ordenadas por la autoridad judicial y cobijadas inequívocamente al amparo de la legislación democrática vigente, han causado, sin embargo, una crisis política en el País Vasco, al coincidir con la prohibición, también por la Audiencia Nacional, de una manifestación en favor de los presos etarras promovida por los abertzales de Sortu. El mundo radical proetarra recibió el auxilio del Partido Nacionalista Vasco, que gobierna en Euskadi, cuyos dirigentes convocaron la manifestación para hacerla legal y marcharon codo con codo con Sortu a pesar de que los manifestantes pronto desafiaron la consigna pactada de silencio para jalear a los presos etarras, exigir su amnistía y, en definitiva, servir de altavoces a los planteamientos de ETA. Esta situación debe cambiar. Por mucha distancia que haya entre el PNV, partidario del acercamiento de reclusos etarras y otras medidas de reinserción, y un Gobierno español que insiste en mantener su política penitenciaria mientras ETA siga existiendo, la divergencia no puede llegar al extremo de que se reediten en el País Vasco las experiencias de frentismo nacionalista que tanto daño hicieron en el pasado a la normalización democrática y la construcción de la paz. El PNV no puede, por mera disputa de parte del electorado nacionalista, acercarse a un partido que continúa sin asumir que los crímenes de ETA han carecido, siempre, de cualquier justificación.

MÁS ARTÍCULOS DE OPINIÓN Ir a la sección Opinión »

Comentar

0 Comentarios

    Más comentarios